Por: Olga Lucía Barona

Caterine, te amo

Qué otro sentimiento puede aflorar en nuestro corazón cuando vemos la contundencia con la que Caterine Ibargüen ganó anoche la medalla de oro del salto triple de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Seguro que ningún otro. Eso es amor puro y verdadero.

Esa sonrisa enamora al más duro corazón. Ella vive con pasión cada zancada, cada salto; con intensidad cada momento de su rutina, desde el calentamiento hasta su caída sobre la arena. En el saludo a la cámara ella se roba el show, porque sabe que es la estrella, la máxima estrella del salto triple del mundo. No hay nadie mejor que ella. Es la reina de oro. Saltó 15,17 metros hacia la gloria, hacia la inmortalidad. Y va a quedar en nuestra retina ese cuarto salto de la noche del 14 de agosto de 2016, el día en que por primera vez el atletismo colombiano ganó una medalla de oro, la cuarta presea dorada en la historia deportiva de nuestro país.

Y es que no había duda alguna de que Caterine se iba a colgar el oro. Desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuando se quedó con la plata, apenas había perdido una prueba. Sí, solo una. Y por eso, anoche la bella Caterine estaba convencida de eso. Con imponencia salió a la pista y así se mantuvo hasta el final.

Pero es que además de su supremacía deportiva, Caterine es una mujer alegre, querida, que no se cree el cuento de la fama y que no pierde su humildad, no pierde su esencia. Gana y sólo quiere celebrar con la bandera en la mano, agradecerle a su entrenador Ubaldo Duany y al pueblo colombiano, a su familia. Cuando tiene que hacerlo, también habla duro, sin pelos en la lengua, pero con la dulzura que la caracteriza. Baila, posa para las fotos, ríe sin límite, es un mujer 10 puntos. Acá en El Espectador la hemos tenido varias veces en nuestra ceremonia del Deportista del Año y se goza el evento cual niña, con gusto, con orgullo por su trofeo; busca su mejor pinta para lucir bella, elegante, radiante.

Y piensa en el hoy, pero también en su futuro. Y por eso estudió enfermería y ahora hace una especialización.

Qué orgullosos debemos sentirnos los colombianos de tener una deportista de los quilates de Caterine Ibargüen Mena.

Entonces no me digan que no amanecieron enamorados de Caterine Ibargüen. Yo sí.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Olga Lucía Barona