Por: Alvaro Forero Tascón

¿Cayeron en la trampa del NO?

El entusiasmo por la campaña de “resistencia civil” parece haber llevado a los opositores del proceso de paz a cambiar de estrategia y apostarle al peligroso NO en el plebiscito.

La “resistencia civil” era una estrategia para precalentar la campaña del plebiscito y así facilitar la toma de una decisión más segura en favor del NO o la abstención. Pero también buscaba asentar la idea de que por la supuesta “ilegítimidad” del plebiscito, su resultado se podía desacatar. Así conseguían prepararse para una derrota digna en el plebiscito, pero mantenían viva la controversia hasta las elecciones presidenciales de 2018. La recuperación del poder es lo que realmente interesa al expresidente Alvaro Uribe, por lo que la posición en el plebiscito es de conveniencia y no de principios, pues apoyó en el pasado concesiones a las guerrillas que no acepta hoy.

Con la “resistencia civil”, el grueso del Centro Democrático parece haberse convencido de que el NO tiene la fuerza para ganar el plebiscito, como indican algunas encuestas (aunque la de Ipsos ha sido cuestionada). Pero es probable que la reducción del apoyo al SÍ en algunas encuestas se deba a que la “resistencia civil”, que a los colombianos indecisos se les parecía más a abstención que a NO, logró neutralizar la principal fortaleza del SÍ: la lógica demoledora de paz o guerra. Y que lo que permitió semejante milagro fue precisamente que la “resistencia” cambió la lógica de oponerse a la paz, por la de rechazar los beneficios “excesivos” para los cabecillas de las Farc.

La pregunta es si el apoyo al NO será interpretado como el regreso a la oposición frontal a los acuerdos de paz, y le facilitará a los promotores del SÍ desmontar la tesis populista de que votar NO, realmente es votar SÍ. Especialmente ahora, con la decisión de las Farc de no entregar las armas si gana el NO.

Hasta el más ingenuo sabe que las Farc han sido una máquina de guerra, y que despreciada su oferta de paz, no van a cruzarse de brazos. Y sabe también que lo mismo piensa la oposición al proceso de paz, que nunca les ha creido una palabra a las Farc. Que la repentina ingenuidad del uribismo no es cierta, y que por ende, tampoco confían ilusamente en mejorar el acuerdo. Que lo que realmente buscan es beneficio político para volver al poder, y después, escudados en que las Farc no acepten irse a la cárcel y renunciar a hacer política, regresar a una guerra quizá más intensa.

Para Santos habría sido más difícil ganar la reelección sin haber perdido la primera vuelta, porque sin la derrota inicial no habría logrado movilizar dos sectores apáticos —la izquierda y la clase política— que normalmente solo votan por sí mismos. Que solo el miedo a la continuación de la guerra movilizará a la izquierda, y el miedo a que el uribismo ponga un pie en la Casa de Nariño si triunfa el No, moverá a la clase política, que no será comandada por los parlamentarios, sino por los alcaldes y gobernadores, que tienen mucho que ganar con la paz y las inversiones del posconflicto, y nada con la guerra.

La caída estrepitosa de Trump en las encuestas muestra que el extremismo y las mentiras populistas solo convencieron a los ciegos de odio, y no tardaron en generar una reacción de preocupación en las mayorías.

 

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