Periodismo y posconflicto: retos y desafíos para el próximo cuatrienio

hace 1 hora
Por: Aura Lucía Mera

Cedo la palabra

Le cedo la palabra al intelectual español Joaquín Antuña. Viajero. Políglota. Ciudadano del mundo. Escritor. Periodista. Activista social. Forista internacional sobre la paz, la educación y el desarrollo. En 1982 fundó la Fundación Paz y Cooperación. Creador del Premio Escolar que distingue a profesores y estudiantes que trabajan por ideales de paz, relaciones multiculturales y diversidad.

Sus conferencias y proyectos se han extendido a África, Oriente Medio, Jordania, Palestina, Centroamérica. Premio Paz y Seguridad en el 2006 y en la Unesco Primer Premio Mundial Escolar de Paz y Cooperación en 2004.

Sostiene que “‘Don Quijote’ no lucha contra molinos de viento. Lucha por la dignidad”. Acaba de publicar en el periódico Galicia Digital la siguiente columna: “Paz en Colombia”, que reproduzco a continuación.

“Todas las grandes ideas mundiales han tenido su mística y su simbolismo. En Colombia la tiene la intención de utilizar todas las armas del desarme en la construcción de un monumento para la paz.

Tomás Moro en su Utopía, Campanella en la Ciudad del Sol y Emanuel Kant en su Paz perpetua son grandes referencias de la búsqueda de la paz mundial. Si hubiera vida en el nuevo exoplaneta descubierto en estos días, me imagino que ellos también tendrían sus grandes pensadores, profetas de la paz.

En Nueva York, el 1º de septiembre hay un encuentro sobre la cultura de paz, que debería ser el cultivo fértil para conseguirla. Este es el compromiso del presidente Santos. El alcanzar una paz duradera con las Farc y poner fin a una guerra del tipo guerrilla, que ha durado 52 años plagados de atentados, secuestros, ajusticiamientos en masa, destrucciones y acciones bélicas. Además ha privado a Colombia de los recursos necesarios para desarrollar una economía de paz.

Este bello país necesita carreteras, ferrocarriles, hospitales, escuelas, protección civil, industrialización de su agricultura, infraestructuras de todo tipo y manejo óptimo de sus notables recursos naturales, y dotarse de una democracia que garantice y promueva el bienestar social y reduzca las desigualdades típicas del subdesarrollo.

Las conversaciones en Cuba entre Gobierno y Farc han contado con la mediación de Cuba y la inspiración de Noruega. Se ha alcanzado un acuerdo que necesita la ratificación por medio de un plebiscito prometido por Santos.

Mientras, los guerrilleros celebrarán un congreso para aprobar su desarme, su disolución y su reconversión en un partido político. Por ambas partes existen suspicacias, como es natural. En el bando gubernamental el principal mentor del No es el expresidente Álvaro Uribe que, al no poder ser reelegido, propuso a Santos, que era su ministro de Defensa, como su sucesor y, al no ser un mago de la política como Putin, que consiguió amaestrar a su sucesor y recuperar la Presidencia, se ha convertido en un fiero opositor de Santos y su política de conseguir la paz cueste lo que cueste y por todos los medios.

Uribe no se fía de las Farc y teme que pueda abocar a su país a un cambio de rumbo político introduciendo ideas colectivistas y comunistas del tipo de Venezuela.

Santos es un pragmático que cree en la dinámica de la paz, que resolverá, una vez conseguido el cese de las hostilidades, todas las dudas que hoy flotan en el aire. Civilizar a unos y otros. No es un empeño de poco, pero vale la pena.

Los colombianos son, junto a los italianos, uno de los pueblos más listos e imaginativos del mundo, y si Colombia consiguiera liberar su excelente capital humano, su gran creatividad se refundaría en uno de los países líderes del contexto internacional.

No cabe duda que la paz es un clamor, pero esta preciosa palabra necesita nutrirse de justicia social.

El día que en Colombia no existan gamines, niños de la calle o de las alcantarillas, se habrán levantado todas las hipotecas que tienen a este país prisionero de la violencia frente a paramilitares sin piedad y feroces guerrilleros. Se precisan miles, millones de constructores de paz. Como decía el Mahatma Ghandi: ‘no hay camino para la paz, la paz es el camino’”.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Aura Lucía Mera