Por: Lorenzo Madrigal

Cierto parecido con Teddy

Aunque no con tantas cualidades como el actual presidente electo de los E.U. (misógino, racista, xenófobo, misántropo, autócrata, evasor, hidrófobo, ah no, tal vez esto último no), el depredador de nuestro país, Theodore Roosevelt, Teddy (1901-1909), ofrece ciertas semejanzas con el temible Donald Trump, o éste con aquél, al momento de irrumpir, políticamente poderoso, en la Casa Blanca.

Qué miedo, dice todo el mundo. “Es una condena a muerte para la humanidad”, lo advirtió un notable pensador político. Pero ocurrió. Hoy es el presidente Trump, de todos los respetos, quien entra al salón Oval con pie firme, a saludar, y a conocer, al presidente Barack Obama, sencillo demócrata de minorías, a donde nunca pensó llegar, pues a lo que estaba dispuesto era a desconocer su derrota electoral.

No tenía un plan A para ganar, como no lo tenían, en nuestro medio, los ganadores de No, que en esta semana entregaron 500 propuestas apresuradas a quienes todavía no creen que se ha caído el acuerdo de paz en el plebiscito. Pero no comparemos. Aquello es la suerte del mundo; ésto, la de este país de América Latina.

Parecidas sí las encuestas, aunque las de allá más aproximadas que las de aquí. No se cansaron los medios internacionales de comparar el error visible en que cayeron los sondeos, el del Brexit, el del No de Colombia y la derrota de Hillary. Aunque es bien difícil, si no imposible, establecer tendencias entre electores que no se pueden medir numéricamente, sino a través de colegios electorales. Sistema, la verdad, poco democrático, que privilegia territorios.

Se me hace parecida también la intromisión de investigaciones judiciales a última hora, que dieron al traste con Hillary, como aquí con la campaña, hasta entonces victoriosa de Óscar Iván Zuluaga, en las presidenciales del 2014, un conato de juicio que parece venirse abajo por las declaraciones del exdirector del CTI, con las que se pondría de manifiesto que una trampa habría materializado el triunfo del candidato Santos. Lo que sería muy grave, pero será encriptado entre papeles.

Pero a lo que veníamos, esto es, a la semejanza de Trump con el primer Roosevelt, el déspota, el dominador absoluto, el del Gran Garrote. El que afirmaba tener las revueltas de Panamá controladas y que un día resolvió levantar la bota y dejarlas escapar hasta desembocar en la separación del istmo de su país, Colombia. Así perdimos el departamento y nos pagaron por ello. Qué vergüenza.

Es Trump el genuino presidente norteamericano, el de América para los americanos; carece de algún sentido social, sólo reacciona en favor del aislacionismo, de los controles egoístas de población, de la vieja Norteamérica que quiere restaurar, como en los tiempos de Theodore Roosevelt.

 

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