Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Circo nacional

Después de ver el debate de la ultraderecha católica y cristiana contra Gina Parody, quedé con la sensación de que este país es un desastre institucional.

Lo que quedó en evidencia después de tantas horas de oír sandeces y dicterios, todo con el falso ropaje de defender los derechos niños y las familias, es que aquí eso de los partidos y las ideologías es pura farsa.

Los conservadores obviamente se alinearon con la más rancia ultraderecha en nombre de la cual se apoderaron no solo de la Procuraduría, que han envilecido para absolver a los suyos y perseguir a los contradictores, sino también de la Dirección Nacional de Estupefacientes que saquearon impunemente, gracias a un sistema judicial que aun hoy se niega a oír a un importante protagonista que conoce detalles y nombres de los responsables de ese multimillonario desfalco.

El partido de Uribe, promotor de las agresiones contra la ministra de Educación y de las marchas de la semana pasada, intentó demostrar lo indemostrable, pues convencido de que los colombianos somos bobos, pretendió sostener que las cartillas sobre educación de los niños que se expidieron durante el nefasto régimen de la seguridad democrática, eran diferentes a las del gobierno Santos, no obstante su inocultable similitud. A lavarse las manos, mejor dicho, y para eso instruyeron al senador Everth Bustamente para que, en actitud propia de un patán, regañara en tono encendido a la ministra Gina, sólo porque tuvo el coraje de decir lo que el país entero sabe: que este escándalo se armó para cobrarle su condición sexual. Y para confirmarlo soltaron al perro rabioso de Ernesto Macías, para que ratificara su vulgaridad y ordinariez, “atributos” que sin embargo disfrutan en el partido de Uribe.

Pero los otros partidos políticos que se expresaron durante el tortuoso debate —donde sólo brillaron Gina, la doctora María Cristina Hurtado, delegada de la Defensoría del Pueblo, Claudia López, Armando Benedetti y, en honor a la verdad, Roy Barreras— ni sabían de qué estaban hablando, ni dejaron claras sus ideologías. De la intervención de los voceros de un partido a otro se oyeron las mismas simplezas o atrocidades pues, por ejemplo, dio lo mismo el discurso del Galán vocero de Cambio Radical que el del otro Galán portavoz del liberalismo, que ni siquiera pudo intervenir en nombre de su colectividad, porque allá todavía no saben qué camino coger sobre la necesidad de educar bien a los menores de edad. En efecto, la situación más apremiante fue sin duda para el liberalismo, pues muchos esperábamos que quienes en el Congreso se tomaron su vocería aprovecharan la oportunidad para demostrarle a la Nación por qué es la colectividad del libre examen, de la tolerancia y de la inclusión de todas las tendencias. Sin desconocer su valía personal, como liberal sentí vergüenza de oír a Vivianne Morales hablando en nombre de mi partido, enarbolando una cruzada religiosa surgida de su personal fe cristiana. Entre ella y el procurador cada vez hay menos distancias.

Y a propósito del procurador, habló cuando quiso y por el tiempo que le dio la gana, porque el sumiso presidente del Senado temblaba de solo pensar en quitarle la palabra abruptamente, como sí lo hizo con todos los demás colegas. Y como es su costumbre, Ordóñez no dijo sino bobadas, además con altanería y arrogancia, pues descendió de su pedestal de máximo juez disciplinario para insultar y prejuzgar a la ministra de Educación, llamándola mentirosa, sólo porque sus ideas no coinciden con las de su caverna perversa y mezquina.

Después de todo eso, no es de extrañar que el Senado en pleno, por cuenta del procurador-litigante y de un magistrado de la Corte Constitucional que tambalea en su cargo, esté enredado hoy con unas recusaciones de mala factura y de insostenible ética que solo tienen por finalidad mantener vivo a quien desde hace meses es un cadáver insepulto.

Adenda. Respaldo al justo paro de los chocoanos. No hay derecho a que el centralismo y la corruptela política —nacional y local— tengan en la miseria a esos colombianos y en el olvido esa región.

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