Por: Hernando Gómez Buendía

Colombia inverosímil

El plebiscito por la paz será el evento tal vez más importante en la historia electoral de Colombia. Y sin embargo, como quiera se lo mire, el plebiscito es una necedad monumental.

Necedad porque no sirve para cumplir su propósito de darle “legitimidad” al acuerdo entre Santos y las Farc. El país amanecerá tan dividido el día después de la votación como lo ha estado a lo largo del proceso y como los resultados volverán a confirmarlo: ¿qué pasa si la diferencia de votos es pequeña—y quién decide si es, o no es, “pequeña”—? Y aunque técnicamente se nos diga que bastará con un voto de ventaja para que gane el “sí”, los enemigos del acuerdo desde ya y para siempre están diciendo que se trata de un método ilegítimo y que las votaciones van a ser manipuladas.

El plebiscito es una necedad porque no se necesita, y menos todavía después de que la Corte precisó que este voto no servirá para cambiar ni una coma de la Constitución o las leyes de Colombia. Privado de su eficacia jurídica, el plebiscito vendrá a ser una tercera vuelta extemporánea de las elecciones de 2014, cuando ya habíamos escogido entre la vía negociada que era Santos y la no negociada que en ese momento se llamaba Zuluaga.

El plebiscito es además una torpeza inaudita de parte del gobierno y de las Farc. ¿Qué sentido tenía arriesgarse a perder los cuatro años de trabajos en La Habana para que Santos pase a la historia como el gran inútil y los jefes guerrilleros se queden en el monte hasta morir? ¿Para qué una “refrendación” que no era obligatoria, que no la hicieron Uribe, ni Gaviria, ni Barco ni ningún presidente de Colombia y que pudo evitarse con un pequeño ajuste o interpretación de la agenda convenida entre Santos y las Farc?

El plebiscito es una necedad porque no tiene nada de “democrático” vale decir, porque el voto no podrá ser deliberado, ni consciente, ni libre:

—No será deliberado porque sin haber participado u opinado en las conversaciones cerradas de La Habana, el plebiscito va a obligarnos a adoptar o a rechazar de un solo golpe una lista larguísima y confusa de medidas y reformas sobre asuntos dispersos y complejos.

—No será consciente porque no hay ni habrá modo de saber precisamente a qué le dio su “sí” o su “no” cada persona que vote (o que no vote).

—No será libre porque tanto la campaña del sí como la del no consistirán en apelar masivamente a los prejuicios, miedos o ilusiones igualmente exagerados o infundados y por lo tanto menos conducentes a ejercer la autonomía personal.

Y el clímax de este absurdo lo trajo a colación el fallo de la Corte según el cual el plebiscito no podrá efectuarse mientras las Farc mantengan su amenaza de violencia, lo cual implicaría claramente que se desmovilicen antes del Acuerdo.

Sólo que estamos en la Colombia inverosímil donde estadistas y juristas nos explican que el acuerdo producirá sus efectos antes de que el pueblo soberano decida si el acuerdo existió o no existió.

*Director de la revista digital Razón Pública.

 

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