Por: Nicolás Rodríguez

Comedia por el no

No iba muy lejos el expresidente Uribe en sus saludos protocolarios cuando ya estaba afirmando que el plebiscito en el que quiere participar es ilegítimo.

Lo repitió varias veces, como solo Uribe es capaz de hacerlo, ante un auditorio que aplaudió descachado, como en los seriados gringos doblados al español con un desfase en las risas. Una comedia por el no.

Que si digo que es azul es porque es verde…entonces que viva el amarillo. Que nos vamos al plebiscito con el no porque está viciado. Que como el resultado es una farsa vamos a hacer campaña. Y así.

Cuando la escena ya era lo suficientemente desconcertante tenía que subir Paloma Valencia, quien lleva ya un tiempo aprendiendo el arte de la dicción descuadernada y el manoteo. A tono con el convite, la senadora ensayó otro de sus discursos que arrancan acelerados en neutro y suben a reversa como quien va por la autopista en contravía.

Se ha dicho que el plebiscito es una forma de medir la popularidad de Santos pero la verdad visual y auditiva de la campaña por el no es que el congresista Uribe está fungiendo, de nuevo, como presidente y caudillo de su colectividad. Y en eso es imbatible.

El debate sobre la paz y lo acordado en La Habana quedó postergado a otra contienda electoral sobre Uribe, el redentor. Uno se puede reír y burlar con las inconsistencias del uribismo y sus seguidores, pero es imposible olvidar que el jefe del partido que lleva hasta su nombre está en su hábitat predilecto.

El plebiscito es una más de las arenas democráticas en las que se ha fogueado el candidato a presidente vitalicio. Como en la intervención de Paloma Valencia, que arranca con sonrisas y gestos alegres, genera curiosidad e incertidumbre y termina produciéndonos algo de miedo, de la mano de la paz vuelven las épocas oscuras del Estado de opinión.

 

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