Por: Lorenzo Madrigal

Como les venía diciendo

La palabreja desinstitucionalización – nueve endiabladas sílabas - le ocasionaba al ex presidente López notable dificultad de pronunciación, pero su sentido en la vida del país verdaderamente le preocupaba.

Hoy se está dando tal desentable en casi todos los frentes institucionales.

El presidente, quien juró la defensa de la Constitución y leyes de la República, hoy, en las premuras de una paz negociada, se aventura a reformar la Carta política mediante acuerdos en la mesa que puedan convertirse en tratados públicos, primero se entendió que automáticamente, luego no se ha entendido nada; de todos modos, una novedosa manera que estudiantes de derecho no conocíamos y que genera normas pétreas supra constitucionales.

Las supremas cortes y tribunales de justicia son desplazados en el proyecto de acuerdo de paz por la sola y única instancia de un tribunal nuevo, ideado por las partes negociadoras y cuyos miembros pueden ser en cierta cuota extranjeros, lo que en la tradición constitucional del país era repudiado.

La historia judicial anterior a los pactos de hoy – lo archivado y juzgado - deberá replantarse ante el nuevo Estado que viene naciendo en las manos de Juan Manuel Santos, sin éste darse cuenta. Llevado por las ideas de juventud de su hermano mayor, Enrique Santos y últimamente del abogado español, Enrique Santiago, asesor de la guerrilla y casi homónimo del anterior, así como por la extravagancias neojurídicas de quien fuera hasta hace poco fiscal de la Nación.

El Procurador General, martillado hasta el cansancio por malquerientes suyos y de sus tesis de derecha, y vuelto nada ante la opinión, produce, sin embargo, con la autoridad del Ministerio Público, una más que explícita acusación en contra del presidente, gravísimo pliego de cargos contestado a los gritos por el mandatario, mientras vocifera y da vivas en una convención política. Uno se pregunta si eso no es también un caso de resistencia civil a las normas, “como la de Carlos Castaño”.

El Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordena suspender el Congreso Liberal en marcha, y el director de ese partido cita a la reunión del día siguiente, con altanería y desobediencia civil.

Deja perplejo a más de uno que se tome por un acto de guerra la opción civilizada, históricamente reconocida, de la resistencia civil, asumida por la oposición y que por el lado del régimen se salten reglas, se desarticule el estado de derecho y se engañe al pueblo.

Porque engaño es invocar la palabra paz, sin que se explique suficientemente cómo y con qué instrumentos se ha querido llegar a ella. Conseguir la paz entregándose al opresor es posible; la claudicación generalmente produce una cierta paz de supervivencia. El arreglo entre pares, que tampoco lo son, sería cosa distinta, comenzando por encontrarse en una sede neutral.
 

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2016-05-15T18:46:32-05:00

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