Por: Gonzalo Silva Rivas

Con Río revuelto

En 2009 Brasil tocaba el cielo con las manos. El COI elegía a Río de Janeiro -su segunda ciudad en población y hasta hace poco su primer destino turístico- sede de los XXXI Juegos Olímpicos, el mayor evento multideportivo internacional.

La guerreada y merecida responsabilidad confirmaba las mieles de su estrellato, luego de que la FIFA, dos años atrás, lo escogiera como país anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol de 2014.

Eran los tiempos de gloria cuando el gigante suramericano caminaba con bastante desparpajo por la alfombra roja de la geopolítica global y se consolidaba como la superpotencia emergente del continente americano. Sin embargo, siete años después, el desplome económico y una profunda crisis política oscurecieron el sueño de la novena economía mundial, y el nuevo escenario cambió las viejas alegrías por preocupantes alarmas.  

A dos días de la inauguración oficial de las Olimpiadas, el anfitrión de la principal cita deportiva global afronta el peor de sus escenarios. Carga a cuestas la más dura recesión en décadas, con un PIB en caída libre. Se sumerge en incertidumbre y polarización política a raíz de la suspensión de su presidenta y la designación de un mandatario interino acusado de conspirador, con baja popularidad e igualmente blanco de denuncias por corrupción. Padece un caldeado clima social, alimentado por recurrentes protestas populares y un marcado patrón de violencia e impunidad y, de contera, se le estigmatiza para la temporada por el latente aleteo del Zika tropical.

Dentro de este espacioso mar de calamidades el turismo, sin embargo, sigue siendo la nave que mejor navega en el tercer receptor de viajeros en América, con 5.8 millones de visitantes al año. El Mundial de 2014 –con representación de solo 32 nacionalidades- superó las expectativas de la industria y sus alentadores resultados alimentan las proyecciones para este agosto olímpico. Brasil recibió entonces 692 mil visitantes de 203 nacionalidades y en ingresos recogió US$4 mil millones, equivalente a una cuarta parte de la inversión del Gobierno Central en la preparación del evento.

Las expectativas para los próximos quince días merodean el medio millón de turistas, resultado de una puntual estrategia que incluye, tanto la decisión del Congreso de eximir de visado, por cuatro meses, a los turistas de los países de mayor tradición olímpica -Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón-, como una condimentada campaña de promoción internacional alrededor de una mezcla de atractivos regionales que visibilizan un apetitoso menú turístico, con el que se procura jalonar a lo largo de los próximos seis años el crecimiento del flujo receptivo entre un 5 y un diez por ciento.

La vitrina internacional generada por este doblete de gestas deportivas le ha permitido a la hotelería superar límites de ocupación del 90 por ciento y a la agrietada economía nacional aliviar en algo sus cargas.  El Mundial creó un millón de nuevos empleos, 700 mil de ellos fijos y aumentó el ingreso de divisas en 7 por ciento. Un balance que se esperaría replicar durante estos Olímpicos y los Paralímpicos de septiembre.

Río de Janeiro -la seductora propuesta brasilera que tendrá un baño global de reconocimiento y popularidad durante los próximos quince días- prende sus luces para armarle la fiesta a millares de invitados, mientras padece la misma impredecible fiebre financiera del país, que la tiene baja de ánimo para ponerle el suficiente ritmo de samba a la celebración. Se ha declarado en “estado de calamidad pública”, no dispone de presupuesto para pagarles a funcionarios ni a jubilados y se encuentra a un salto de colapsar en la prestación de servicios básicos y de seguridad pública.

La “Cidade maravilhosa”, la del célebre barrio de Ipanema, la playa de Copacabana, el Cerro Pan de Azúcar y el portentoso Cristo Redentor que corona el Corcovado, se sumerge en ese difícil panorama que sacude cada kilómetro cuadrado de los 8.5 millones que suma el quinto país más grande del mundo, en donde medran los múltiples intereses  económicos, políticos y sociales de ciertos “jugadores” locales, que bien parodian el proverbio aquel de que con Río revuelto siempre habrá ganancia de pescadores. 

gsilvarivas@gmail.com

@Gsilvar5

 

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