Por: Francisco Leal Buitrago

Confusión política provocada

Colombia es el país de la región latinoamericana con más violencia a lo largo de su historia.

Diversos factores explican tal desastre, como la persistente debilidad del Estado y el abandono oficial de muchas regiones. Pero —sin duda— el factor principal ha sido la violencia política, ya que ha servido de aliciente para las demás, como las de los paramilitares y los narcotraficantes. Violencia política fueron las guerras civiles del siglo XIX y el período de La Violencia a mediados del siglo pasado. La violencia política más reciente es la subversiva, de la que quedan las Farc y el Eln.

Y es ahí donde reside la importancia de acabar con las Farc como grupo armado a través del desarme acordado en La Habana. Esta es una alternativa realista frente a los fracasos gubernamentales para exterminarla a lo largo de medio siglo mediante la guerra, pero también con intentos fallidos de negociación. Queda el Eln —guerrilla menor—, con el que el Gobierno acordó temas de negociación, pero cuya fase pública no ha comenzado. Esta guerrilla arguye que el secuestro no está entre lo acordado previamente. Ojalá haya pronta solución a este impasse.

El loable y necesario propósito del Gobierno de negociar con la subversión enarboló la bandera de la paz para promocionarlo. Sin embargo, lo que viene ahora es tan solo un primer paso para alcanzarla, aunque —por primera vez— en la dirección correcta.

Pero esta bandera blanca ha servido para confundir a la opinión pública al mostrar una nación en paz luego del plebiscito, confusión que se agravó con la bandera negra esgrimida por Uribe con apoyo de áulicos y oportunistas. El Gobierno ha tratado de contrarrestar en la opinión pública la polarización resultante de esta situación mediante costosa propaganda y giras presidenciales, en medio de una crisis fiscal producto del manejo oficial inadecuado de la pasada bonanza petrolera.

De esta manera, la necesidad de votar por el Sí en el plebiscito está mediada —por un lado— por una confusión plagada de falsedades, mentiras y consignas catastróficas propiciadas por la oposición cerrera, cuyo artífice se ha beneficiado siempre de la confrontación. Pero también ha estado mediada por una deficiente comunicación a la opinión pública por parte del Gobierno. La frialdad y la lejanía de sus mensajes estimulan la parafernalia mentirosa de la oposición, llevando al país al borde del retorno a la violencia política.

Ante esta situación, se requiere ignorar tal polarización, con el fin de mostrar de manera sencilla los beneficios que para la sociedad traería el Sí mayoritario en el plebiscito. En particular, contribuiría a frenar los vaivenes en las redes mediáticas e ilustraría a grupos sociales que le creen a quien vocifera señalando un país imaginario a semejanza de nuestro vecino en crisis. Colombia ha sufrido desgobiernos y abandonos oficiales, cuyas víctimas han sido no sólo campesinos de regiones olvidadas, sino más que todo la inmensa población que vive del “rebusque”. No es posible seguir con esta tragedia histórica.

Por eso hay que hacer campaña por el Sí en el plebiscito, ilustrando a grupos sociales que han sido confundidos a conciencia por los unos, y por incompetencia por los otros.

*Miembro de La Paz Querida

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