Por: Armando Montenegro

Consecuencias de la devaluación

Al observar los efectos de la devaluación del peso de más del 80%, es difícil no recordar la llamada “ley de las consecuencias indeseadas”.

En lugar de la esperada dinamización de las exportaciones no tradicionales –algo que infortunadamente no ha sucedido– recibieron un fuerte impulso diversas actividades y fenómenos que no estaban en la mente de los gobernantes y analistas cuando comenzó a aumentar el precio del dólar.

Basta con mirar el caso del departamento de Nariño. La devaluación causó allí tres impactos: (i) estimuló la siembra y el tráfico de coca, negocios beneficiados por la notable depreciación de la tasa de cambio (aunque la devaluación no es la única causa, las estadísticas muestran que se incrementaron las hectáreas sembradas con coca en este y otros departamentos); (ii) la minería ilegal, especialmente la de oro, también recibió un impulso económico por el mayor valor del dólar; (iii) se produjo un extraordinario aumento de las ventas del comercio en la frontera con Ecuador; enjambres de compradores ecuatorianos introducen masivamente bienes colombianos a su país con un notable beneficio. Un buen número de industrias colombianas, por este motivo, registra inusuales crecimientos de sus ventas en Nariño. A través de estos canales, la economía del departamento muestra un dinamismo que se ha trasladado a la construcción de vivienda y otros sectores.

Otro efecto indeseado de la devaluación, ese sí previsto, ha sido el aumento de la inflación, a través de los precios de los bienes e insumos importados, así como del incremento de los precios de los bienes producidos en el país que reemplazan los que se dejan de importar (como consecuencia de su mayor precio).

La mayor devaluación, por otra parte, implica un empobrecimiento del país en moneda extranjera. Y también induce la caída del ingreso real de las personas, usualmente las más pobres, que no pueden protegerse del incremento de la inflación. Es posible, por esta razón, que las cifras comiencen a mostrar una elevación de la pobreza en los próximos meses.

¿Por qué no aumentaron las exportaciones no tradicionales con la devaluación? Cuatro razones explican ese fenómeno: (i) la oferta exportable del país se desmanteló por la prolongada revaluación; su reconstrucción, en medio de una situación internacional adversa y del hostigamiento de absurdas regulaciones, tomará bastante tiempo; (ii) la demanda de las principales economías del mundo está estancada; únicamente la de Estados Unidos mantiene una débil recuperación que no ha sido capaz de impulsar sus importaciones desde América Latina (a pesar del cambio favorable en los precios de las monedas); (iii) ya que buena parte de otros países latinoamericanos también ha devaluado, Colombia no ha ganado competitividad frente a ellos; y (iv) la economía de Venezuela, el destino natural de nuestras exportaciones no tradicionales, se encuentra postrada y, por razones políticas, cerrada a los negocios con Colombia.

Las autoridades deberían inducir la reconfiguración de la oferta de la economía, lejos de la minería y el petróleo, hacia la exportación de bienes industriales y agrícolas. Para hacerlo, deberían eliminar normas y cuellos de botella que impiden el crecimiento del comercio exterior. Sólo así se producirán, por fin, los efectos deseados de la gran devaluación del peso.

 

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