Por: Iván Mejía Álvarez

Crisis azul

Verdades que difícilmente son rebatibles: Millonarios juega mal, no tiene una hoja de ruta clara y los resultados no se le dan como en tiempos pasados cuando jugaba igual de mal pero lo sustentaban los puntos en la tabla; las contrataciones volvieron a ser jugadores de medianía, para equipos de media tabla, que no conforman al aficionado y poco le colaboran al técnico para hacer una propuesta diferente; el trabajo en la cantera es invisible, no salen jugadores, si hay buenos el cuerpo técnico no los tiene en cuenta y los de la casa no existen; la directiva escuda las malas contrataciones en que esos fueron los refuerzos pedidos por el técnico con el visto bueno del asesor deportivo, Norberto Peluffo; Peluffo se descarga indicando que contrata hasta donde el presupuesto lo permite, que tiene unos mandatos claros de la Junta Directiva sobre los valores que Millos puede invertir debido a una relación de costo/beneficio que tan solo conocen los dirigentes; la dirigencia, empezando por Serpa y Camacho, son tipos llenos de buena voluntad pero de escasos conocimientos de qué es el fútbol y cómo se maneja. Serpa tiene una visión globalizada del negocio y piensa que el marketing del Real Madrid es el que debiera hacerse en Millonarios. Un soñador, ilusionista, lleno de buena voluntad, pero delegando en gente con poca capacidad para ejecutar. Camacho ya lleva dos años y todavía confunde la magnesia con la gimnasia.

El tema es un círculo vicioso porque no se hacen buenas campañas porque no hay buenos jugadores y estos no llegan porque no hay plata y no hay dinero para contratar porque los márgenes presupuestales no dan más que para traer Asprillas y Gutiérrez. Tongo le dio a Burundanga, Burundanga le pegó a Muchilanga, etc.

Y al final todo confluye en Rubén Israel, el trompo de poner, el invitado a la silla turca, que lucha con una plantilla normal pero a la que no le está sacando el rendimiento apetecible. Israel tiene un grave defecto, planifica mal, elige mal las nóminas y cuando intenta remediar en el entretiempo, queda a merced de una plantilla limitada. Pero además, Israel vive como Alicia en el “país de las maravillas” y cree que el grito destemplado, hiriente y mordaz de ocho mil aficionados protestándole y pidiéndole que se vaya es apenas un aullido al viento. Israel no ha entendido que la gente no lo quiere, no lo soporta, no lo aguanta.

Sin embargo, sacar en este momento a Israel sería el peor disparate de los yuppies dirigentes de Millos. Hay que aguantarlo hasta diciembre y tener paciencia.

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