Por: Jorge Eduardo Espinosa

¿Cuál es el periodismo del mañana?

¿Hacia dónde va el periodismo? Propongo aprovechar esta evidente crisis del oficio en el mundo, y no me refiero al factor económico, sino al único activo que tenemos: la credibilidad.

Que el público nos busque, esto es, compre los periódicos, vea un noticiero o prenda la radio, depende del nivel de credibilidad que tengan los medios. La ecuación es simple, llegar a ella en la práctica, no lo es. Así que lo primero es, justamente, reconocer que estamos en un momento difícil, que las redes sociales y su velocidad esquizofrénica lo cambiaron todo, y que adaptarnos no ha sido sencillo. El NY Times reportó la semana pasada que desde la victoria de Trump en las elecciones, el periódico ha añadido 41 mil nuevos suscriptores. Es el incremento más significativo desde 2011, cuando introdujeron el pago en Internet por suscripción. Lo que quiero decir citando las cifras del Times es que, a pesar de la crisis, hay oportunidades.

Ahora, ¿qué hacer entonces? El Times, por ejemplo, dejó de lado el falso dilema de la objetividad y la falsa equivalencia. Ellos, desde el día 1, declararon su oposición a la candidatura de Trump. Y actuaron, honestamente, en consecuencia. Se convirtieron en el diario de oposición. ¿Perdieron porque ganó Trump? No, ganaron credibilidad entre el nicho de liberales que también se oponían al señor del copete. Y acá, me parece, está la clave: los nichos. Seamos francos y dejemos de decirnos mentiras: la información “generalista” no existe, ni tendría por qué hacerlo. Me explico: yo trabajo en RCN Radio, supuesta radio generalista, es decir, que le habla a todo el país. ¿Es así? No lo creo. Los medios deberíamos entender que ha llegado el momento de seleccionar nichos de audiencia, y comprometernos con ellos. Los programas de radio, por ejemplo, deberían armarse pensando en públicos segmentados. Hay que dejar de pensar que el periodismo tiene que agradar a todos. El periodismo no es un concurso de popularidad.

Y con esto, la corrección política. O la incorrección. Un nombre: John Oliver, un comediante británico que vive en Estados Unidos y dirige el mejor programa informativo que tiene la televisión gringa: Last Week Tonight (La semana pasada hoy) Lo primero, el nombre. ¿Qué nos dice? Que los conceptos trasnochados de “esa noticia es vieja” y la “chiva, chiva” ya no importan más. Oliver, con sus investigaciones y su sátira, logra millones de visitas en su canal de YouTube, además de la audiencia que tiene su emisión en vivo. Y no está contando nada “nuevo”, no, está hablando de cosas que todos vimos, leímos y oímos… la semana pasada! Sí, habla de noticias viejas. Y a nadie le importa. Ahora, ¿hace Oliver periodismo? Él dice que no, que él periodista no es. Yo, en cambio, creo que su programa sí es periodístico. Hace preguntas, cuestiona, investiga, duda de la versión oficial, lo crítica a todos y a todo. Nadie se salva.

Finalmente, la independencia. Oliver dice que los directivos de HBO, los dueños, no ven el programa. “No dicen nada sobre las cosas que decimos y que hacemos, es posible que así sea porque no lo ven”, anota. El éxito de Oliver, que se identifica como un demócrata liberal, que defiende unas ideas concretas y que no esconde lo que cree, no es otro que la transparencia: acá no somos objetivos, no pretendemos serlo, no ocultamos lo que somos. Eso sí, todos serán objeto de burlas y de críticas, desde Bush el genocida hasta el muy progresista y liberal Obama. Todos. Y eso incluye a las multinacionales: de alimentos, de bebidas, de medicamentos, de energía. Y también a los colegas. Hay que dejar la pendejada de la unidad de cuerpo entre periodistas. Dos anotaciones finales: Oliver puede, porque la audiencia lo permite, utilizar la grosería y el insulto como un recurso retórico. Puede decir “what the fuck…” y nadie se escandaliza. Acá, como decía Garzón, un hijueputazo en televisión nos aterra más que los niños pidiendo limosna en un semáforo. Oliver hace un programa para un nicho particular. Él lo sabe, sus anunciantes lo saben, la empresa lo sabe. No le importa el periodismo “generalista”, no pretende hablarle a “todos”, no le interesa quedar bien con “todos”. Oliver nos muestra el camino.

@espinosaradio 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Jorge Eduardo Espinosa