Por: Claudia Morales

¿Cuál es la Iglesia que queremos?

El papa Francisco nos ha sorprendido este año con formas más abiertas de interpretar la doctrina de la Iglesia Católica. Muchos lo celebramos, pero desde las orillas más radicales las molestias se han hecho sentir.

Una es la carta apostólica Amoris laetitia (La alegría del amor) que les da herramientas a los obispos en varios temas relacionados con la familia, el matrimonio, los anticonceptivos y la comunión para los católicos divorciados, entre otros aspectos. Eso, al menos entre quienes somos católicos pero que por ser divorciados hemos sido tratados como parias por la Iglesia, fue un alivio.

Pero, como lo informó la BBC de Londres, cuatro cardenales de los sectores más conservadores declararon en una carta, que hicieron pública, que Francisco ha generado “grave desorientación y gran confusión entre muchos creyentes”. Para ellos y otros tradicionalistas, la apertura planteada en la encíclica acaba con el principio fijado por Jesús de que el matrimonio es indisoluble, e incluso han llegado a decir que las nuevas enseñanzas planteadas por el papa son heréticas y sacrílegas.

Y el lunes de esta semana, el pontífice nos impresionó con estas palabras: “Entrego de aquí en adelante a todos los sacerdotes, en virtud de su ministerio, la facultad de absolver a aquellos que han cometido el pecado de procurar un aborto…no existe pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y limpiar cuando encuentra un corazón arrepentido”.

Consultado para esta columna, el arzobispo Octavio Ruiz, secretario del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, con sede en el Vaticano, dice lo siguiente en relación con la nueva disposición del papa: “Muchas personas, sobre todo mujeres que por alguna circunstancia abortaron y que luego se arrepentían sinceramente de cuanto habían hecho, cargaban por mucho tiempo ese dolor sin encontrar fácilmente como reconciliarse con la Iglesia. Es aquí en donde el papa Francisco sale al encuentro de esas personas, incluido el personal médico y aquellas que hayan colaborado en ese delito y que se arrepienten de corazón y buscan la reconciliación”.

Sobre las posturas de los más radicales frente a Amoris Laetitia, Vicente Durán Casas, jesuita, profesor de Filosofía de la Universidad Javeriana, opina que se trata de “una manifestación de un sector de la Iglesia que no alcanza a comprender el alcance de la declaración del papa, que es producto de dos sínodos de obispos de todo el mundo. Hay gente a la que le cuesta trabajo aceptar cambios en la doctrina moral de la Iglesia en cuanto a temas de la familia, los divorciados, los homosexuales, en el mundo de hoy. A ninguna persona por sus problemas familiares o de orientación sexual se le puede negar la misericordia de Dios”.

El padre Durán dice que “es un acierto desfeminizar la problemática del aborto y convertirlo en un asunto social, familiar e institucional. No son sólo las mujeres las que están involucradas en ese drama”. Aclara que abortar es un pecado y que lo que el papa hace al levantar la restricción y extender la absolución a todos los sacerdotes es facilitar el acceso a la misericordia.

Respeto a la mujer que aborta, a las parejas del mismo sexo y, cómo no, a los divorciados como yo. Y no espero un cambio de doctrina, pero sí me gusta que Francisco esté sintonizado con los nuevos tiempos y que entienda que la estigmatización y el castigo sin matices nos han alejado a muchos de la Iglesia.

@ClaMoralesM

* Subdirectora de La Luciérnaga

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