Por: Enrique Aparicio

Cuando la vida está en el filo de la navaja (cuento)

Humberto del Hierro era una eminencia como doctor especializado en trasplantes del riñón.

Reconocido por la comunidad de médicos como un ser con grandes dotes y gran saber en su materia.  Era médico jefe de la unidad de trasplantes de un elegantísimo hospital en Bogotá.  En  privado las enfermeras lo llamaban doctor CC, o sea “coge culos”.  Una mala maña que  mezclaba lo profesional con lo personal, pero como se trataba de una figura intocable, no había tenido nunca un solo problema, léase acusación, por parte de las “tocadas”. 

Este sábado como otros tantos había terminado su ritual del golf con los tres amigotes que formaban lo que los gringos llaman un “foursome” -o sea un grupo de cuatro- que caminaban los 18 hoyos jugando muy mediocremente, pero eso sí, hablando e intercambiando chismes.  Terminado el último hoyo y cuando se estaba quitando los guantes, recibió una llamada de Nancy su asistenta, secretaria y alcahueta.  Trabajaba en el consultorio privado desde hacía 32 años. Un lugar con una arquitectura de buen gusto, moderna, donde Del Hierro atendía a los pacientes.

Cobraba un ojo de la cara por consulta que tenía que ser cancelada antes de que el paciente saliera del consultorio. 

-Doctor perdone que lo moleste, pero el señor Horacio Segura me dijo que el lunes se presentaría con sus hijos en el consultorio y no se movería de aquí hasta no hablar con usted directamente. Yo le sugiero que...

-Déje de sugerirme tanto Doña Nancy.  Hablaré con él para salir de todo este cuento lo antes posible y  que mi consultorio no termine mezclado con esta gente paupérrima y vayan a inventar algún cuento.

Por ahora la mala noticia sería bajada con los whiskies que con moderación se tomaba cada sábado con los compañeros de golf.  Esta vez dos dobles extras.

El lunes, cuando estaba parqueando, se  acordó que Segura lo debía estar esperando.  No fue sino abrir la puerta del consultorio y en la antesala donde esperaban los pacientes los vio: Segura con 4  críos. La mayor de unos 25 años, no pudo detallar su cara pues no miraba de frente y tenía un peinado que de alguna manera le cubría parte de la cara. Los otros estaban entre los 11 y 4 años.  El más chiquito con la carita llena de mocos miraba extasiado lo que lo rodeaba.

Sin decir nada a Segura le dijo a Nancy.

-Haga pasar al señor en 10 minutos, luego hablamos.

Segura había tratado de contactar a Del Hierro muchas veces y le había dejado su historia clínica. En el último reporte se indicaba que si el paciente no recibía un trasplante de riñón entraría en una etapa crítica donde la medicina no podría hacer nada.

Horacio entró con su hija, la mayor que no mostraba la cara, y aunque no se le ofreció ningún asiento, escogió uno frente al gran escritorio de Del Hierro, quien comenzó:

-Mire Segura, ya la dije que...

La voz de enfermo salió con un sonido metálico, sin titubeos y dispuesto a no amilanarse con todo   este show de oficina y demás.

-Con todo respeto va a oír algo que no le va a gustar pero es verdad.  Usted es director desde hace unos 20 años de la fundación AET (Ayuda Económica para Trasplantes) que apoya a personas con muy bajos recursos económicos y en etapa crítica.  Desde hace 20 años la empresa privada le ha dado grandes donaciones a la fundación y hasta la fecha no ha habido un solo paciente ni un solo trasplante con ese dinero.  Eso sí, según los estatutos usted como director está autorizado a viajar a seminarios para buscar, a través de contactos, nuevas tecnologías que ayuden en su tarea.  Dos o tres veces al año se va a París, Nueva York, Madrid y Londres para dizque  empaparse de lo nuevo.  Nadie podrá decir que esté haciendo algo impropio.  Pero ayudas a necesitados, por favor...

Y Segura le soltó la bomba.

-Como usted sabe desde hace muchos años lo llaman CC (Coge Culos). Usted nunca se ha enterado de las heridas emocionales que les ha provocado a la dignidad de muchas mujeres.  Volviendo al tema del AET, usted sabe que la información que le acabo de dar es totalmente fidedigna y, además, tengo copia de todo.  Gracias doctor por su tiempo, pero le advierto que si mis chiquitos se quedan sin su padre, el primero que lo sabrá será usted.

Felipe Del Hierro era el único hijo de la familia.  Un arquitecto muy bueno y ya desde joven tenía fama de ser un profesional serio.  Vestía como todos los arquitectos, casual elegante.  Con su  padre eran uña y mugre. La madre contaba poco, pero para  el doctor era todo, la misma adoración. Se juntaban para ver partidos de futbol americano en la sala de la televisión.  Hablaban de todo fuera de lo personal. Política, logros profesionales, nuevos contactos. Conversaciones simpáticas.

Un día sin dar mayor explicación Felipe salió para la costa. Solo dijo que quería descansar y disfrutar del sol y la palmera.  Lo que estaba en su derecho, pensó su padre.  ”A los hijos hay que dejarlos ir” se dijo a sí mismo filosóficamente.

Tres semanas después Felipe se apareció en la casa de sus padres con una mujer de unos 25 años con un cuerpo y una cara que en su conjunto la hacían muy atractiva.  Con el pelo recogido se podía ver unos grandes ojos negros y unos dientes muy blancos que contrarrestaban muy bien con la manera simple de vestir.

-Papi te presento a mi esposa Carmen-. Ni se le ocurrió mencionar el apellido, que seguramente no era conocido en el club de golf y que a él le importaba poco.

-Ay doctor -dijo Carmen- Felipito es un mentiroso pues es usted mucho más joven de lo que él me lo pintó. Es un honor conocerlo.

Felipe notó que ni Carmen era así como se presentaba y menos que le dijera Felipito. Pero habría otros momentos para hablar del asunto.

-Los dejo a los dos para que hablen y se conozcan un poco. Nuestro apartamento está listo pero quiero darle una nueva mirada y luego pasó a recogerte.

-Ay Felipito. Qué pena, pero si me parece bueno hablar con tu padre y explicarle por qué no hicimos ninguna ceremonia.

Felipe salió, un poco pensativo, pero insistió en no darle importaría.  Cuando se quedaron solos, y Carmen se aseguró que Felipe había salido en el carro volvió la cara y miro a Del Hierro de frente y  sin duda.   Pasaron unos segundos antes de hablar.  Ya su eminencia se estaba poniendo nervioso.

-Doctor, usted no sabe quién soy yo.  Mi nombre completo es Carmen Segura, hija de Horacio Segura, enfermo crítico de los riñones.

El doctor Humberto comenzó a inquietarse, sus ojos miraban para todos los lados como buscando refugio.  Y lo peor todavía no se lo imaginaba.

Carmen continuó.

-Viejo hijueputa, si le niega la vida a mi padre, sus futuros nietos sabrán que su abuelo paterno por sinvergüenza dejó morir a mi padre.

Del Hierro comenzó a temblar, a sudar frío, se puso pálido como un papel y le dijo a Carmen que le parecía el colmo su chantaje.

-Pruébeme, doctor.  Pruébeme.  Estoy dispuesta a ir hasta el final si no veo una acción inmediata suya que salve a mi padre.

Por el gran ventanal que daba a la calle vieron que Felipe estaba parqueando. Tembloroso y con una voz de alguien que ha visto al diablo, le dijo a Carmen.

-Me da el celular de su padre.

Tomo nota del número. Ya Felipe estaba cerrando el carro.

Llamó a Nancy.

-Por favor tome nota del número del celular de Segura.  Llámelo y dígale que se presente a primera hora mañana, que vamos a proceder a hacerle los exámenes pertinentes para  buscar un donante lo antes posible.

-Ay doctor -le dijo Nancy- usted es la persona más generosa que conozco.

Felipe entró a la sala y vio a su padre pálido y desencajado.

-Papá ¿qué te pasa?

-Estoy muy bien, Carmen me parece una mujer sensacional. Tienen mi bendición.

Ya Carmen con la voz tranquila  y sin titubear le dijo.

-Fue un placer hablar con usted.  Felipe, que delicia disfrutar de nuestro apartamento desde ahora mismo.  Bueno muévete y veamos cómo quedó.

Carmen acaba de transformarse en lo que era.

You Tube. Alguien  decía que para entender la vida era necesario entender la naturaleza. La importancia de vivir no radica en vivir por vivir sino en preguntarse a diario cuál es la razon de nuestra existencia.

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