Por: Manuel Drezner

¿Cuándo se acabó el gran cine?

El título de esta nota puede parecer exagerado, ya que es claro que se sigue haciendo cine y que hay películas de producción reciente que se pueden calificar de excelentes. Pero el título no es mío sino de un crítico que ha escrito un libro llamado así, donde afirma que desde hace más de medio siglo el número de películas que se puedan llamar obras maestras disminuye año tras año, en contraste con lo que pasaba en otras épocas, cuando se producía continuamente cine maestro y películas que cambiaban los conceptos que se tenían sobre el arte cinematográfico. El autor se llama Mario Elnerz y en su libro comienza por hacer un análisis de todas esas listas de grandes películas que abundan hechas por diferentes fuentes. Según ese análisis, él afirma que las cintas consideradas como grandes por críticos, expertos y el mismo público, tienen un punto de separación que dice ser el año 1969. De las grandes películas de la historia del cine, según ese análisis, el 80 % son anteriores a ese año, mientras en el casi medio siglo siguiente grandes películas no llegan al 20 % en esas listas. De antes de esa fecha son filmes como El ciudadano Kane, de Welles; The Searchers, de John Ford; La quimera del oro, de Chaplin; Intolerancia, de Griffith; Dadnos la libertad, de René Clair; Los niños del paraíso, de Marcel Carné; La regla del juego, de Renoir, o El acorazado Potemkin, de Eisenstein, para citar sólo algunas, y posteriormente a duras penas se puede recordar El padrino, de Coppola, y muy pocas más.

El análisis que hace el autor de las razones de esa disminución en el número de grandes películas ocupa la mayor parte del libro, pero Elnerz afirma que la razón básica está en la excesiva dependencia de los factores tecnológicos. El hacer la película en colores limita la creatividad y ya los directores no permiten esas tomas largas de antaño sino que hacen montajes donde ninguna escena dura más de unos pocos segundos, dizque para dar agilidad. Igualmente, hay exceso en las escenas de violencia y de sexo, lo cual no permite que se desarrollen los caracteres de los personajes y los factores psicológicos quedan reducidos a nada, ya que en el cine moderno el director no se molesta en dar motivaciones a los actores, quienes quedan por tanto reducidos al papel de simples marionetas.

El libro ha sido muy discutido y hay extensas polémicas entre los cineastas sobre si Elnerz tiene o no razón. Dan como argumento para responderle que se siguen haciendo, contra lo que él afirma, grandes películas y que lo que pasa es que no han sido decantadas para figurar en las listas que el autor analiza.

 

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