Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Curiosidades

Se quedó corto el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, al calificar como “curiosa” la sorpresiva investigación disciplinaria que le abrió el procurador, Alejandro Ordóñez, por estar supuestamente relacionado con el carrusel de la contratación.

La investigación anunciada no tiene ni pies ni cabeza, como así lo ha confirmado la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, cuya decisión conocida simultáneamente con el atropello de Ordóñez contra Cristo evidencia su bajeza y ruindad. Antes el Consejo de Estado había denegado la pérdida de investidura del entonces senador cuestionada por los mismos hechos. Es decir, dos altas cortes no encontraron una sola prueba que involucre a Cristo en nada irregular con el carrusel de la contratación en Bogotá, pero Ordóñez se empeñó en abrirle una investigación y difundir su decisión en todos los medios, para asegurarse de que no fuera menor el daño causado.

A Ordóñez ya se le conocen las mañas de su perversidad. Abrió la torcida investigación contra el ministro de la política, y delegó a sus amanuenses, Juan Carlos Novoa y María Eugenia Carreño, para que instruyan lo que amenaza convertirse en otro de los prevaricatos de este procurador ultraderechista. Ordóñez sabe que con Novoa y Carreño no tiene pierde investigando a quien podría ser uno de sus futuros contrincantes en su morbosa aspiración presidencial, porque ambos le deben grandes favores por cuenta de los nombramientos con los que ha distinguido a su parentela empotrada en la jugosa nómina de la Procuraduría. Sobre estos angelitos en quien el procurador delega sus maldades pueden consultarse las no desmentidas siguientes columnas de Daniel Coronell: http://bit.ly/1TL3mBK; http://bit.ly/1H1olZE; http://bit.ly/1L8znkd.

¿Cómo y por qué se le ocurre a Ordóñez anunciar con bombos y platillos una investigación contra el ministro Cristo, coincidencialmente el mismo día en el que es exonerado por los mismos hechos por la Corte Suprema? El procurador dirá que una cosa son los juicios penales y otra los disciplinarios, excusa que ya se le gastó con ocasión de otras decisiones tan equivocadas como esta. La cosa es más honda de lo que parece.

En efecto, detrás de esta investigación hay una retaliación política relacionada con la paranoia que padece Ordóñez. En efecto, se sabe que la reelección del procurador está en vilo, porque para obtenerla se valió del yo te elijo, tú me eliges. Ya han pasado muchos meses sin que el Consejo de Estado tome una decisión y, como van las cosas, no sería raro que, cuando se tome alguna, ya Ordóñez sea exprocurador o esté a pocos días de terminar sus peligrosos y desastrosos períodos como jefe del Ministerio Público. Pues bien, todo indica que el procurador le atribuye al ministro Cristo estar influyendo en la ponente que en el Consejo de Estado tiene el proceso en su contra, una jurista impoluta que acaba de llegar a esa corporación. El cargo por supuesto es ridículo, porque su reelección está cuestionada hace tres años, por razones imputables sólo a Ordóñez, cuando Cristo ni siquiera era ministro. Y, entonces, al mejor estilo perseguidor, el procurador utiliza su inmenso poder como juez disciplinario para intimidar con destituciones cocinadas en sus odios partidistas y en su invencible intolerancia.

En las actuales circunstancias emocionales por las que atraviesa Ordóñez, acosado por el rumor de que un buen día el Consejo de Estado haga por fin justicia, no puede desempeñarse en tan alto cargo. Está obnubilado y enceguecido, y por eso delira escogiendo como blancos de sus investigaciones a quienes caigan en la cocina de chismes que alimentan su ego. Hasta cuándo tendremos que soportar más prevaricatos tejidos en la fe laureanista de quien nunca se ganó el respeto de sus conciudadanos.

 

Adenda. Qué desastre la justicia. Arrancó en paro y otra vez por los desaciertos del Consejo de la Judicatura.

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