Por: Hernando Roa Suárez

DARÍO ECHANDÍA: Ideología y Política (X)

“Echandía ha sido, en todos y cada uno de sus empleos y tra¬bajos, el más minucioso y puntual cumplidor del deber, y que en materia de heroísmo civil nunca ha cedido un milímetro de la raya que le han trazado su vida y la de Colombia”. Fabio Lozano S.

TOMO III. IDEOLOGÍA Y POLÍTICA. Este tomo contiene un artículo inicial de Fabio Lozano Simonelli sobre ¿El poder para qué? y continúa con exposiciones del Maestro sobre aspectos de su ideología política contenidos en exposiciones realizadas en distintos escenarios entre 1934 y 1978. Aquí, Echandía se ocupa de los siguientes temas: Libertad y democra¬cia; Tierra y cultura; La influencia del pueblo en el poder; Invitación a la victoria liberal; El estado de sitio no es un golpe de estado; Un programa político; Derechos del liberalismo para gobernar; La fórmula de paz del liberalismo; Acuerdo para la paz nacional; Lucha total por la libertad; Ca¬minos de la concordia; El poder se basa en la ley; Constitución y derechos; Técnica y democracia; Obligación cívica en 1978; y culmina con una versátil entrevista: Indispensable el cambio de las estructuras, de Lozano Simonelli al Maestro, pu¬blicada en Acción Liberal el 8 de mayo de 1965.  Ocupémonos de algunos de estos temas.

¿El poder para qué? Recreémonos brevemente con esta Introducción: “Digamos de entrada que aparte de lo que la pregunta signi¬ficó en su momento, cuando el poder no estaba como fruta madura a la mano del sector desarmado de colombianos al que encabezada Echandía, eso de “el poder para qué” es el acto más consecuente y sabio de lealtad a unas ideas y, sobre todo, a un pueblo. Es punto de referencia indispensable para to¬mar nota de la lógica interna del pensamiento echandiano en un ambiente donde no siempre resplandece la coherencia intelectual y moral. ¿Para qué el poder cuando las masas no ejecutaban una revolución, sino se habían lanzado, rabiosas y borrachas, de bruces a la anarquía? La vivencia del “Bogotazo” fue, por lo negativa, clave para la formación revolucionaria de Fidel Cas¬tro, según declaraciones suyas a la Revista “Bohemia”. Cas¬tro se dio cuenta, en ese día y los siguientes, de cómo no se hace una revolución. Lo cual coincide con lo que comprendió Echandía y en él encierra, además, un valor ético. Porque para Echandía no hay tal de que “el poder es para poder”, como sentencian cínicos y graciosos que tampoco saben mucho del espíritu de “El Príncipe”. El poder es un instrumento de servicio racional al pueblo. Usarlo de otro modo se llama piratería o inep¬titud. Tal el cuesco de su enseñanza”.

Al referirse a la función social de la propiedad, Lozano sostiene: “El poder ¿para qué?” Para ser usado como instrumento ra¬cional de transformación social. Que los ricos tributen, que la tierra se reparta y se cultive, que en el país se forme una base industrial, que la educación y la salud se extiendan… Cuando se quiere institucionalizar la euforia reformadora surge entre otras normas que desafiaban el pasado, la que dice “la propie¬dad es una función social que implica obligaciones”. El conte¬nido y la forma son de pareja concisión: son echandianos, lo afirmo con certeza, sin haber espulgado archivos de la época para determinar cómo se produjo la reacción admirable de la fórmula. Se desarrolló entonces una polémica bizantina sobre la posibilidad de que hubiera sido “más castizo” o “más jurídi¬co” escribir “tiene una función” que “es una función”. ¡Tinta desperdiciada y perdida! La organización justiciera de nuestra sociedad dentro de un marco de normas, podría surgir de la fuerza que le dan esas nueve palabras, complementadas con la intervención del Estado… si existieran las fuerzas políticas y los líderes que se apecharan del designio. Después de 1936, casi todo lo que se ha hecho en reformas constitucionales –ese vicio solitario de los colombianos, de que hablaba Fernando González-es superfluo y errático”.

Agreguemos ahora una original reflexión de Lozano bajo el subtítulo: De Chaparral A Oxford. “¿Se trataba de hacerle un injerto socialista al Estado colombiano? Echandía, aunque ha planteado varias veces la conveniencia de que el Partido Liberal juegue un papel homólogo al de las social-democracias europeas, y no el de uno de los desacreditados y pachecos liberalismos de Europa… y de Nicaragua y el Paraguay en algún momento manifestó que lo que se hacía con la “Revolución en marcha” era de la más rancia estirpe liberal y le sobraban los remoquetes. Es formidable su captación del fenómeno de un orden liberal que no se dedica a fortalecer privilegios sino, mediante una evolución acelerada, que haga innecesaria la violencia revolucionaria, mejore y libere a los seres humanos.  [1]   Para que se aprecie la riqueza y la pungencia de su pensamiento, voy a ponerlo en contraste con el de John Strachey, máximo pensador laborista inglés. Más que las exten¬sas lecturas de Echandía, fue su observación de las circunstancias lo que hizo de él un magno ideólogo laborista o social-demócrata, muy distinto del modelo aburridor de los retóricos liberales co¬lombianos. Y complemento indispensable, por lo mismo, de López Pumarejo, que todo entendía, y lo demás lo adivinaba, al primer golpe de vista”.

Más adelante agrega: “El laborismo ha enseñado que una democracia de sindica¬tos, de cooperativas, de partidos serios y honrados con par¬ticipación de las gentes de base, puede modificar la sociedad, sin que sea inexorable acudir a las cartillas comunistas ni a las crueldades de Beria. “Hay que buscar –dice también Stra¬chey– alguna otra manera de explicar por qué en los países occidentales el nivel de vida, en el sentido más amplio, de los trabajadores ha aumentado indiscutiblemente… ¿Por qué falló la profecía de Marx acerca de la miseria creciente que tan razonable y sensata debía parecer cuando la formuló?... La ex¬plicación reside en el hecho de que en las sociedades occidentales la masa de los asalariados emplea las instituciones democráticas con una eficacia cada vez mayor… Fue la presión de los sindicatos, los contratos colectivos, lo que hizo que los salarios subiesen muy por encima de ese nivel de subsistencia que, según Marx, no podría sobrepasarse. Pero no creo que tampoco debamos subestimar la importancia del derecho de voto. Los sindicatos nunca habrían podido ser utilizados ni habrían dejado de ser órganos pequeños, débiles e indefensos, si los trabajadores no hubiesen tenido derecho a llevar al poder gobiernos que re¬conocieran a esas organizaciones y les permitieran realizar su labor…”.

“Es por eso por lo que Echandía ha luchado en Colombia: Porque nuestra democracia no sea la democracia falaz y falseada “de jeques y la¬tifundistas” de que habla Strachey en el que se mueve a los electores como mesnadas. Contra ella insurgió el laborismo. Y mucho se parecen a la caricaturesca democracia colombiana de gamona¬les, espadones y epulones. El desconcertante y de¬moledor humorista Echandía la ha comparado con un “orangután con sacoleva”. En las páginas de esta antología se advierte que el pensador del Chaparral no es inferior al de Eaton y Oxford”.

Y finaliza Lozano Simonelli su comentario introductorio al Tomo III: “La autenticidad “opita” de Echandía ha motivado algunas semblanzas periodísti¬cas que lo pintan en actitud de hamaca; semblanzas en que se omite que ha sido, en todos y cada uno de sus empleos y tra¬bajos, el más minucioso y puntual cumplidor del deber, y que en materia de heroísmo civil nunca ha cedido un milímetro de la raya que le han trazado su vida y la de Colombia”.
“A más del pensador insigne que discurre por esta antología, es Echandía una personalidad de roble que blinda un corazón de pan”.  roasuarez@yahoo.com Miembro de la Paz Querida.

Referencia:
[1]  Recuérdese el contenido del discurso de posesión del Presidente Kennedy sobre este tema, el 20 de enero de       1961.

 

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