Por: Hernando Roa Suárez

DARÍO ECHANDÍA: Personajes e ideas (VI)

Polémico y directo; hombre que no economiza la verdad para crear equilibrios inestables, y hombre “en el buen sentido de la palabra bueno”…Pedro Gómez Valderrama.

TOMO II PERSONAJES E IDEAS. Aquí encontramos una combinación maravillosa y fundamentada entre el profesor conocedor de la argumentación jurídica; el humanista que  -en todo su esplendor- sitúa apropiadamente a los grandes personajes de que se ocupa; y al político que conoce la estructura del Estado y del poder. Una magnífica Introducción de Pedro Gómez Valderrama inicia este tomo que se centra en elaboraciones de Darío Echandía en torno a:

Personajes: La vida de Olaya Herrera; El pensamiento filosófico y político de Monseñor Carrasquilla; El ideal de libertad en Luis Eduardo Nieto Caballero; Ricardo Hinestrosa Daza, maestro del derecho; Monseñor Castro Silva, patriota, pensador y artista; Manuel Murillo Toro, el político del Olimpo Radical; Carlos E. Restrepo o la reconciliación por la libertad; Técnica y cultura en la universidad; Jorge Soto del Corral; Intervención y libertad; De Londres al Tolima; La política y el culto de las letras.

Prólogos: El nuevo derecho de gentes; Del individualismo jurídico al derecho social; Antecedentes intelectuales de nuestra independencia; Fernando Mazuera Villegas; La renovación del derecho; La ley moral y la reforma de las jurisprudencia civil; ¿En qué terminará la evolución de la humanidad?  Homenajes: 50 años de una función noble; Cristianismo y marxismo; La idea social del derecho y la historia; y Entrevista: Darío Echandía, 1947, por Juan Lozano y Lozano [1]

Veamos lo sostenido por Pedro Gómez Valderrama:   “Su significación ideológica llena gran parte de este siglo en la historia del Partido Liberal y, consiguientemente del país, cuya inteligencia resplandece no solamente con su grandeza natural, sino con esa cualidad esencial de la bondad, que no se encuentra siempre conjugada con su inteligencia”. “Ahora bien, la imagen que he tenido siempre de su espíritu, y que creo corresponde exactamente a lo que es Darío Echandía, es la imagen del filósofo, del humanista integral, que a través de ese prisma ve todos los hechos de la vida. Ya sea, por ejemplo, su rechazo a moverse de su biblioteca en los momentos más graves en que se le amenazaba con el incendio y la destrucción [2].    Y a su imperturbabilidad, en horas como las del 9 de abril, en las cuales con su decisión evitó muchas horas sombrías a la República. En todas esas ocasiones, y en muchas más en que he tenido el privilegio de estar a su lado, la imagen del humanista, del filósofo, envuelve todas las demás: la del político brillante, la del jurista, la del orador, la del estadista”.

Más adelante agrega: “Hay una página que yo me atrevería a calificar de casi autobiográfica, y es la semblanza de Manuel Murillo Toro que en muchos representó en el Siglo XIX lo que Darío Echandía ha sido en el siglo XX”.  Y complementa: “Hay un ensayo contenido en el discurso que aquí se titula “La política y el culto de las letras”, que yo me permito recomendar a los lectores de esta edición en el cual está contenido el análisis paralelo de dos de las más grandes personalidades de la República en el siglo pasado, don Miguel Antonio Caro y don Santiago Pérez. Este ensayo, escrito con motivo del centenario de la Academia Colombiana de la Lengua, es el más penetrante estudio dialéctico sobre las dos tendencias ideológicas que han causado la historia política en siglo XIX y aún en el siglo XX”.

De la lectura global de esta Introducción y la rigurosidad de la vida intelectual de Pedro Gómez Valderrama, puede verse diáfanamente un juicio certero sobre uno de los más importantes ideólogos del Partido Liberal colombiano, en el siglo XX. [email protected] Miembro de La Paz Querida.

Referencias:

1 En la columna me ocuparé solo de algunos de los temas aquí enunciados  e invito al lector a revisar el Tomo completo, editado por el Banco de la República en 1981.
2 El autor hace mención a lo que ocurrió en Bogotá el día que se incendiaron los periódicos El Espectador y El Tiempo; la Casa de la Dirección Liberal Nacional; y las viviendas de Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Pumarejo.
 

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