Por: Hernando Roa Suárez

Darío Echandía: Rasgos de una vida ejemplar

Por su sabiduría jurídica, formación humanística, responsabilidad político-diplomática, vocación académica, valor personal, y pertinencia en el conocimiento teórico-práctico de lo público, fue reconocido como Maestro.

Como una contribución a la ambientación de algunas dimensiones históricas del postconflicto, he considerado conveniente compartir con los lectores un avance sobre la investigación -próxima a publicarse- sobre el Maestro Darío Echandía, que elaboré con motivo de los 80 años de la Reforma Constitucional impulsada en 1936, durante el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, cuando Colombia, tardíamente, ingresó a la modernidad.

Con el contenido aquí plasmado quisiera facilitar, especialmente a la juventud universitaria, releer algunas características que debe poseer un líder político en el  postconflicto, para “construir una Colombia nueva” en los próximos decenios. Leamos con conciencia crítica el conjunto de  las proposiciones aquí plasmadas y, de cara al estudio de la vida y obra de Darío Echandía, formulemos nuestra propia opinión.

1. Darío Echandía fue un excepcional demócrata colombiano. Se distinguió por: su versación en el ordenamiento jurídico de nuestro país; su responsabilidad como líder político liberal-socialdemócrata; el ejercicio de su profunda vocación académica y humanística; la práctica de la ética en el ejercicio de la función pública como Juez, Gobernador del Tolima, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Ministro de Relaciones Exteriores, de Educación y de Justicia; Embajador ante el Vaticano; y Presidente de la República.

2. El estudio de su biografía nos permite acercarnos a conocer las razones por las que  el Maestro es un paradigma de las virtudes que deberíamos poseer los demócratas colombianos y específicamente los líderes políticos constructores de paz en el siglo XXI. Tengamos presente que él fue uno de los artífices que, con su juridicidad, humanismo y prácticas políticas éticas, contribuyó eficazmente a la profundización de nuestra democracia.

3. En momentos de crisis ético-política, como los vividos en 20151, por ejemplo,  estamos invitados a estudiar la vocación de quienes nos enseñaron a ser. Por su vida y obra, Darío Echandía es un ejemplo digno de ser imitado y superado –cambiando las cosas que haya que cambiar- por quienes consideramos que la democracia es la forma de gobierno óptima para organizar políticamente nuestro país en el posconflicto. En pleno siglo XXI, la lectura y comprensión de su pensamiento es un magnífico ejercicio para quien desee conocer las raíces de la democracia representativa y participativa, así como la evolución de “una personalidad de roble que blinda un corazón de pan”2.

4. Los análisis y testimonios dados por estadistas de la calidad de los expresidentes Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo y la responsabilidad política e intelectual de Fernando Hinestrosa, Otto Morales, Pedro Gómez Valderrama, Benjamín Ardila, Augusto Trujillo y Jaime Aponte, nos permiten sostener que el liderazgo jurídico, político y ético, como el ejercido por el Maestro Echandía, es una invitación cuidadosa a la juventud universitaria contemporánea a retomar sus pasos y a prepararse para fortalecer el conocimiento teórico-práctico de la política como arte y ciencia, y constituirse en una profunda renovación de quienes han desvirtuado los valores democráticos, especialmente en el intervalo 1970-2015, poniendo en peligro nuestra institucionalidad, con todas las consecuencias que de allí se derivan.

5. Si un estudiante universitario me pregunta en nuestros días: ¿por qué es conveniente estudiar la vida y obra de Darío Echandía, qué le respondería? Creo que es conveniente hacerlo, porque:  i) A lo largo de su vida universitaria y profesional, practicó éticamente su labor. ii) Como funcionario público fue estudioso y responsable con los cargos que le fueron asignados. iii) Siendo consagrado jurista, contribuyó eficazmente a construir el espíritu pacifista entre los colombianos y a profundizar los valores de la democracia representativa y participativa. ; iv) En el ejercicio del profesorado actuó con erudición y sabiduría.; y v) La coherencia entre la solidez de su formación; la ética ejercida en su vida pública; el ejercicio de la política; la práctica de su juridicidad y de la cátedra, lo hicieron acreedor al título de Maestro.

6. Ante la gravedad que significa para la Colombia contemporánea: la magnitud del proceso de la corrupción administrativa y política; los residuos paramilitares, guerrilleros, de explotación de minería ilegal y de bandas criminales; y el peligro de la desinstitucionalización de nuestra democracia3 -en el mediano plazo- la vida y obra del Maestro Echandía es un ejemplo para la juventud contemporánea.

7. Deseo observar finalmente: no es al azar que, en una de las paredes principales de la Universidad del Rosario, se le consigne a Darío Echandía, un preciso reconocimiento en los siguientes términos:

HONRA

A ESTE COLEGIO MAYOR

Y A LA REPÚBLICA

DARÍO ECHANDÍA

1897-1989

COLEGIAL CATEDRÁTICO PATRONO

Y

MAESTRO

DE TODAS

LAS VIRTUDES CIUDADANAS

roasuarez@yahoo.com

 

Referencias:

[1] Estúdiese, por ejemplo, el manejo que se le dio a la llamada: “Feria de los avales”.

2 Fabio Lozano Simonelli, en: ECHANDÍA, Darío (1982). Obras Selectas. Tomo III. Banco de la República, Bogotá. p. 15.

3 Léanse las implicaciones que se derivan de las condenas proferidas por la Corte Suprema de Justicia contra los exministros Sabas Pretelt, Diego Palacio y la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado, hasta abril de 2015, por beneficiar ilegalmente los intereses específicos del Expresidente Álvaro Uribe, cuando ejercía el mando.

 

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