Por: Hernando Roa Suárez

DARÍO ECHANDÍA: Ricardo Hinestrosa y Monseñor Castro Silva (VIII)

Ricardo Hinestrosa: “Fue maestro de leyes pero también de plenitud en el vivir y nobleza en el pensar”. Monseñor Castro Silva: “La vida de Monseñor Castro Silva, en lo que tuvo más brillante, fecundo y significativo, se encontró ligada íntimamente a la vida y a la acción del Colegio del Rosario”. Darío Echandía.

Ricardo Hinestrosa Daza, Maestro del Derecho.  Que Darío Echandía hubiera sido el personaje seleccionado, para preparar la siguiente intervención en El Externado,  [1] tiene un profundo significado: Reconocer su consagración personal a las disciplinas jurídicas y ser ejemplo de Maestro para la comunidad externadista. Reflexionemos.

“Ilustres y perdurables enseñanzas nos dejó la vida laboriosa y fecunda de aquel afortunado cultor de las letras, las artes y las leyes. Todos los colombianos hemos tenido que aprender de los ejercicios de su intelecto y de las simpatías de su corazón, pero, sobre todo, quienes suelen aplicarse, en esfuerzo constante, a lograr o perfeccionar el hábito, más raro de lo que suele pensarse, de la prudencia del derecho”.

“El maestro Hinestrosa fue un cabal y selectísimo jurista porque apreció exactamente la gran riqueza, la extrema complejidad del sector cultural a que aplicó de preferencia su esfuerzo y su talento”. “Pero aquella mente acogedora y generosa abarcaba mucho más. Al fin y al cabo el derecho no es sino una de las variadas versiones de la cultura, una de las múltiples manifestaciones del espíritu humano. Lo más interesante para él no eran esas formas, tomadas en sí mismas, sino su oculto sentido, al lado de otras expresiones no menos egregias: las ciencias, las artes, las visiones totales del universo; todos esos títulos de nobleza humana, todas esas justificaciones históricas de la libertad y la dignidad de nuestra especie”.

“El ejercicio jurídico no se redujo en él a la rutina de demandas y alegatos, autos y sentencias; estos apacibles y en ocasiones hasta tediosos menesteres cotidianos suscitaban en su mente una visión panorámica de lo que debía ser el derecho plenamente realizado en un país culto y libre. Era capaz de contemplar sus nimias preocupaciones profesionales sub especie aeternitatis; bajo el signo de las ideas que no mueren; a la luz de los valores indeficientes de justicia, de patria, de humana solidaridad”.

“Su inteligencia rica y complicada, su actividad discreta y asidua lo inclinaron naturalmente a enseñar. Fue maestro de leyes pero también de pulcritud en el vivir y nobleza en el pensar. Discurrió en su cátedra sobre el sentido de las normas civiles pero no divorció los secretos de la técnica de la vivencia de las ideas y los preclaros sentimientos. Llegado a la cumbre de una ancianidad aureolada de decoro y lucidez, consagró sus esfuerzos supremos a ser fiel hasta el final imperativo constante de su vida: servir”.

“Su memoria indeleble se perpetúa adherida a estas aulas, vinculada tenazmente a esta casa de la sabiduría donde, adolescente, su espíritu se abrió por primera vez a la reflexión sobre el espectáculo del mundo, donde su juvenil inteligencia se topó con la razón, con la justicia, con la libertad, con todos los valores excelsos que dieron sentido a su existencia y noble eficacia a sus empresas de patriota y de sabio. Y, además, en el Externado de Derecho se prolongará su presencia porque para ello “nos legó su espíritu y su sangre”.

Monseñor Castro Silva, patriota, pensador y artista. Lo conocí en 1964 en un momento difícil para el estudiantado universitario y conté con su apoyo.  Me citó a la Rectoría y me estaba esperando en las puertas de  entrada a la Universidad. Su responsabilidad con El Rosario y con las universidades Nacional y Javeriana, fue muy importante y su criterio inmensamente útil para liberar compañeros de lucha democrática que estaban presos en la Estación 100. Monseñor Castro   era una gran personalidad y consagrado Rector. Sobre él  [2]   Darío Echandía sostuvo: “Sacerdote católico, humanista esclarecido, maestro ejemplar. Esta última egregia calidad es la que da a su figura un carácter más neto y penetrante, un sello más peculiar y diferenciado. El nombre y la obra de maestro son los que han llevado sus alabanzas dondequiera y producido este movimiento espontáneo de duelo nacional”.

“La vida de Monseñor Castro Silva, en lo que tuvo más brillante, fecundo y significativo, se encontró ligada íntimamente a la vida y a la acción del Colegio del Rosario. Consideraba esta fábrica de la inteligencia como símbolo y apretado resumen de la entera epopeya de la nación colombiana.

“Fue llamado a suceder en su rectoría a uno de los más señeros espíritus que hayan decorado estos claustros venerandos, Monseñor Rafael Carrasquilla, restaurador de la creación secular del Arzobispo Cristóbal de Torres, ejemplar sobresaliente de sabiduría y elocuencia, servidor infatigable y abnegado de las juventudes amantes del saber, en quien se cumplió fielmente la sentencia evangélica: “él que quiera colocarse por encima de los demás que se dedique a servirles”. La próxima columna estará dedicada a la presentación, según Darío Echandía,  de un líder político excepcional: Manuel Murillo Toro.  roasuarez@yahoo.com Miembro de La Paz Querida.


Referencias:
[1] Al descubrirse el busto en memoria de Ricardo Hinestrosa Daza. Abril 25 de 1964, Bogotá.

[2] Discurso, como Ministro de Justicia y a nombre del Gobierno Nacional, en los funerales del Rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Monseñor José Vicente Castro Silva. Bogotá, marzo 30 de 1965.

 

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