Por: Hernando Roa Suárez

DARÍO ECHANDÍA: Una personalidad polifacética (III)

Político, estadista, jurista, diplomático, ciudadano ético y Maestro: ser humano excepcional.

Antes de ocuparnos de presentar  aspectos sustantivos de su pensamiento, me ocuparé de elaborar, con base en la investigación realizada, rasgos condensados de su polifacética personalidad. Veamos.

Político: Ejerció los más altos cargos públicos con responsabilidad y eficiencia, sirviendo a la causa de la paz y la justicia social, desde sus convicciones de militante liberal socialdemócrata que buscó la concordia con el partido conservador.

Estadista: En su calidad de Gobernador, Ministro, Embajador y Presidente de la República, se destacó por su dominio de lo público y la responsabilidad en el ejercicio de sus cargos, desarrollando tareas que correspondían a programas del Partido Liberal. Su conocimiento apropiado de lo jurídicopolítico fue utilizado para defender reformas sociales que facilitaron el ingreso de Colombia a la modernidad[1].

Jurista: A partir de su tesis de grado, como juez municipal, Magistrado del Tribunal Superior de Ibagué, Congresista y Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, utilizó su sabiduría ejerciendo su conocimiento constitucional y jurisprudencial, para impulsar el imperio del derecho y la justicia.

Diplomático: Manejó profesionalmente las relaciones del Estado colombiano con el Estado del Vaticano, en las dos oportunidades que fue designado Embajador.

Profesor universitario: Como gran lector y pedagogo expositor, transmitía con claridad a los educandos sus intensas jornadas de lectura, escritura y discernimiento[2].

Ciudadano ético. Esta cualidad acompañó transversalmente el ejercicio de su vocación política, diplomática, jurídica, académica, administrativa y humanística.

Maestro: Por su sabiduría jurídica, formación humanística, responsabilidad políticodiplomática, vocación académica, valor personal y conocimiento teóricopráctico de lo público, fue reconocido como Maestro. Al efecto, se me presenta conveniente recordar la semblanza plasmada por Cesáreo Rocha en la Academia Colombiana de Jurisprudencia, con motivo de su centenario: “Echandía vivió como pensó y pensó como vivió. Austeramente, sin dejar que las tentaciones del mundo material lo gobernaran, nunca tuvo lujos ni en su casa paterna, ni en su infancia, juventud o madurez. Murió pobre como había nacido y dejó una estela ejemplar de brillo intelectual, de moralidad, de principios, de autenticidad. Un claro y cada vez mejor derrotero ideológico se advirtió en sus actitudes esenciales. Por ello un día afirmó en el recinto del Congreso: “La vida ha sido demasiado generosa para mí, tan generosa, que me ha permitido llevar con desenfado, sin pesadumbres, el lujo exquisito de ser pobre”.

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[1] Véase al efecto su defensa de la  Reforma Constitucional de 1936. Tomo I de su Obra Selecta Banco  de la  República.  1981.  Bogotá.  p.p. 221- 343.
[2] Un ejemplo de ello es la exposición que realizó en la Biblioteca Nacional de Colombia en 1954, sobre Teoría Constitucional. Otro caso es el Ciclo de Conferencias dictado en la Universidad del Rosario Titulado: “De Hegel a Marx” y que se encuentra en el Tomo I de sus Obras Selectas

 

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