Por: Cartas de los lectores

De Holman Morris

El concejal se refiere a un ‘Alto Turmequé’ y explica su participación en el diálogo con los líderes de los habitantes de calle. Y un comentario sobre las encuestas.

Leo en una de las secciones de El Espectador una nota llamada “La hermana de Morris” donde se afirma que “...se supo que en la Personería se molestaron por lo que consideraron un uso político de esa situación, debido a la presencia del concejal petrista Hollman Morris...”.

Como es de conocimiento público, he venido impulsando desde la semana pasada la “Mesa de trabajo sobe Habitantes de Calle” para buscar soluciones a la grave crisis que atraviesa la ciudad. La idea de la mencionada mesa de trabajo es que distintos partidos participen para resolver la problemática, como lo reseña la personera distrital, Carmen Teresa Castañeda, cuando dice : “...A muchos concejales les gusta utilizar el twitter para decir que lo del Bronx es terrible; el primer concejal que ha tenido el carácter de hacer una convocatoria en esta ciudad es el concejal Hollman Morris y le agradecemos porque si no es por él no estamos sentados acá”.

Efectivamente, mi hermana Íngrid Morris es antropóloga de la Universidad de Los Andes, quien durante los últimos años se ha dedicado a estudiar políticas de habitantes de calle y ha publicado varios libros relacionados con el tema. En esta ocasión, paradójicamente, no ha podido colaborarme en el tema del Bronx y habitabilidad en calle como en otras oportunidades lo ha hecho.

Por último, el texto pregunta si “¿se apartará el concejal del tema?”, cuestionamiento que contradice la función fundamental de un concejal que consiste en ejercer control político, y más aún en medio de la grave crisis que atraviesa la ciudad y en la que deben participar las entidades públicas y en la cual los medios de comunicación cumplen un papel fundamental.

Hollman Morris. Concejal de Bogotá.

Las encuestas

De tiempo atrás las encuestas han sido cuestionadas en sus métodos y resultados. Hoy, dos importantes referenciadores y conocedores del tema, Armando Novoa, miembro del Consejo Nacional Electoral (C.N.E.), y el director de Ipsos, Javier Restrepo, han declarado con responsabilidad y transparencia la manipulación a la opinión ciudadana, generando afectación de los resultados, y en este caso del plebiscito por la paz. Asunto esencial para el futuro colombiano, el cual amerita absoluta seriedad y objetividad de los encuestadores, medios y ciudadanos. Es imperativo el eficaz control de la Comisión Técnica y Vigilancia del C.N.E. a las firmas encuestadoras y ciertos medios que sin rigor publican inconsecuencias, violando el artículo 20 de la Constitución, el cual establece el derecho y deber de informar y recibir información veraz e imparcial, garantizando el derecho a la rectificación. El Gobierno debe ampliar el número de funcionarios de control a las encuestas. La Corte Constitucional, en Sentencia C-1153 de 2005, ha señalado que encuestas mal realizadas afectan en forma grave la voluntad popular. También ha establecido mediante sentencia que la publicidad por el plebiscito será después de que los colombianos conozcamos la totalidad de los Acuerdos de Paz. Las negaciones a las normas constituyen el deterioro del estado de derecho, profundizando y horizontalizando la polarización y la corrupción. En el caso de la Gran Encuesta, publicada por la revista Semana es un ejemplo de encuesta sesgada, según el director de asuntos públicos de Ipsos, Javier Restrepo, quien tuvo la franqueza de decir que cualquier pregunta o información “lleva a la gente de la mano” y “crea sesgo”. Admite el director que la encuesta tuvo falencias: no se aplicó independientemente a cada una de las respuestas el margen de error. La mayoría de las preguntas no tienen nada que ver con el plebiscito, pero sí con la gobernabilidad del presidente Santos, cuya imagen está muy abajo. El encuestador aprovecha la mala imagen del presidente y la relaciona con la futura votación del plebiscito, concluyendo que éste es perdedor. La relación plebiscito-Santos es tendenciosa porque por este método no se puede pronosticar la verdadera intención de voto de los colombianos por el plebiscito, que finalizará con las Farc. Los mensajes subliminales equivocados hacen daño a los diálogos y al plebiscito. Lo que está en juego es el futuro de Colombia: rojo y negro = sangre y luto, y verde y blanco = esperanza y paz.

Ómar León Muriel Arango. Medellín.

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