Por: Armando Montenegro

De Jota a Jota Jota

En un país cuyas instituciones, con frecuencia, funcionan mal o muy mal, donde son comunes los choques de trenes, las indecisiones y las decisiones defectuosas o sospechosas, y campean la impunidad, la corrupción, el cinismo y la polarización, sobresale por su prestigio y liderazgo, como un caso aislado y notable, el Banco de la República.

Se trata de una entidad singular, independiente del gobierno y los intereses privados,  pero dependiente, hacia adentro, de claras reglas de meritocracia, transparencia, excelencia profesional, debate técnico y respeto a las ideas de sus economistas. 

Por su pulcritud y eficacia, el Banco le ha servido bien a la sociedad colombiana. Es, en realidad, una de las pocas anclas que le da estabilidad a un país frecuentemente convulsionado por crisis y escándalos, muchas de cuyas instituciones han sido minadas por la politiquería, la venalidad, el desgreño y la mala administración. Para comprender el valor de nuestro Banco de la República, basta recordar que uno de los primeros pasos de los gobiernos populistas es sojuzgar a sus bancos centrales, y nombrar áulicos en sus puestos directivos para apoderarse de la emisión monetaria (el Banco de la República hasta ahora, gracias al profesionalismo de sus directores, ha superado el riesgo creado por la reelección presidencial que permitió que dos mandatarios pudieran nombrar en ocho años a la mayoría de los miembros de su Junta Directiva, un riesgo que, por fortuna, termina en 2018).

Uno de los secretos de la estabilidad y el liderazgo del banco central colombiano ha sido la cuidadosa escogencia de sus gerentes y directores, quienes han mantenido y profundizado los valores y principios de la entidad y, sin excepción, antes de tomar sus decisiones, se han sometido al estudio de los análisis, proyecciones y valoraciones realizados por el cuerpo técnico del Emisor.

A su retiro de la gerencia del Banco, José Darío Uribe ha recibido un merecido reconocimiento por su destacado desempeño al frente del Emisor. A lo largo de 12 años, defendió con éxito la independencia de esta institución y con su liderazgo el Banco tecnificó sus procedimientos de análisis, diseño y ejecución de la política monetaria de acuerdo con las mejores prácticas internacionales. Y, lo mejor, produjo resultados palpables para el bolsillo de las familias colombianas. En su administración el país se acostumbró a la inflación de un dígito, y a esperar y tolerar las medidas dirigidas a evitar el resurgimiento de la inflación. En el ejercicio de su cargo, Jota Uribe se caracterizó, como buen banquero central, por la seriedad, discreción y el uso cuidadoso de sus palabras.

La Junta Directiva del Banco designó como nuevo gerente general a Juan José Echavarría, un curtido profesional, con una limpia hoja de vida, sólida formación académica y un profundo conocimiento de la economía colombiana. El nuevo gerente asumirá el reto de mantener los logros de sus antecesores, preservar la independencia de la entidad frente a este y los próximos gobiernos, y aclimatar en la Junta las medidas necesarias para enfrentar las turbulencias internacionales y los desafíos de la economía colombiana a medida que avanza el ajuste inducido por la destorcida de los precios del petróleo. Muchas felicitaciones a Juan José y la mejor de las suertes en el desempeño de sus funciones.

 

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