Por: Felipe Jánica

De la economía y otros males endémicos

El pasado viernes el gerente del Banco de la República anunció que había bajado la probabilidad de lograr la meta de inflación en 2017, la que se ubica en 4%.

Con esta noticia y con las expectativas de crecimiento de la inflación – a pesar de las buenas intenciones del Banco con las subidas de las tasas de interés – la economía colombiana y lo ciudadanos comenzaremos a hablar y a pagar uno de los impuestos más onerosos y endémicos: La inflación. Con esta noticia, se vislumbra que en agosto y septiembre de este año, el Banco siga su posición, aunque dividida, de seguir subiendo las tasas de interés.

Está claro que, luego de la constitución de 1991, la política monetaria descansa en las manos Banco de la República y por ello, el Banco es autónomo tanto administrativa como técnicamente. La discusión de fondo no es si las decisiones del Banco  son o no las mejores. A mi gusto lo son pues su objetivo primordial dentro de la política monetaria es el control de la inflación, tarea en la que hasta al momento se ha cumplido. No obstante, si lo que se pretende es discutir o tertuliar en torno de si la decisión de seguir subiendo las tasas de intereses de intermediación son o no convenientes en pro de la aceleración de la economía y con ello de la generación de empleo, entonces el escenario debe ser otro, es decir el de revisar políticas de Estado, de lo contrario estaríamos discutiendo si lo decidido en 1991, fue correcto en materia de administración de la política monetaria.

Con respecto a la perspectiva de la economía colombiana por parte de las tres grandes calificadoras de riesgo (S&P, Moody´s y Fitch) se puede decir que aun cuando han bajado la expectativa a negativa manteniendo el grado de inversión, la situación amerita una revisión cautelosa pero a la vez contundente. Sobre las causas de la bajada en la expectativa a negativa de la economía colombiana al igual que del sistema bancario, este último por parte de Fitch, ya se ha comentado en columnas anteriores. Lo que realmente es importante es que es necesario que el Estado planee y ejecute reformas estructurales y no sólo reformas estructurales tributarias, las que al final del día generan costo político, sobre todo en año donde todas las apuestas están hechas por la paz.

Aunado al tema de la inflación y al de las calificaciones de riesgo – las que se concuerdan en la dependencia de los bienes primarios en especial al petróleo –  en Colombia sufrimos de otros males endémicos como los paros, la corrupción y la ausencia de una infraestructura que premie el transporte multimodal y no como el que se está planeando sólo con autopistas. Por esto y por otros asuntos más, lo que el Estado colombiano debe invertir tiempo es en una reforma holística y no sólo una que esté pensada en lo tributario. Por supuesto, es necesario que la reforma tributaria estructural pase de cara a brindar tranquilidad a los inversionistas extranjeros y a las calificadoras de riesgo; sin embargo, se debería aprovechar la coyuntura económica para proponer reformas estructurales en educación, infraestructura y al emprendimiento y a la innovación, sobre todo en temas relacionados con tecnología y energías renovables y no contaminantes.

Es por eso que una reforma estructural no sólo representa una oportunidad estratégica para el Estado colombiano sino que se convierte en una obligación, pues facilitaría la creación de alternativas diferenciadas de crecimiento económico, pero sobre todo que sea sostenible y no dependiente de un sector como el de hidrocarburos, del cual no se tiene control alguno. Con respecto al tema de la inflación, éste se irá corrigiendo en la medida que se adopten políticas de Estado, es decir de largo plazo.

 

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