De la ola Verde a la burbuja Verde a la hidra Verde

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La Alianza Verde llega a las elecciones de Bogotá sin candidato porque es un partido al que le ha faltado madurez política.

Desde que anunciaron su creación me ha parecido incómodo que un Partido Verde no estuviera centrado en una plataforma ambiental, como todos -o casi todos- los demás verdes del mundo. Colombia, claro, tenía que ser la excepción, porque aquí los verdes no venían a rescatarnos de la catástrofe ambiental, sino de la decadencia moral. La Alianza Verde era una plataforma que no pretendía una renovación ideológica, sino ética.

Pero eso no es disculpa para que se llame verde sin tener buenos motivos. Asumo que fue por astucia, suerte y artificio. Suerte, porque no existía un Partido Verde en Colombia que sí fuera ambiental. Astucia y artificio, porque lograron apropiarse del imaginario vinculado a un partido verde para promover ideas que no son las de un partido verde. Es el equivalente en política a vender un producto falsificado.

Exagero un poco, pero no demasiado. La decisión del color fue muy astuta. En el siglo XXI ser verde es algo parecido a ser bondadoso, incluso santo, porque las plataformas verdes suelen estar basadas en la protección del medio ambiente, con la que sólo un rufián podría estar en desacuerdo. Incluso las empresas que destruyen al medio ambiente dicen que son verdes. El nuevo logo de la BP, de hecho, se parece mucho al de la Alianza Verde. No hay que subestimar la importancia del color para su éxito. Si se hubiera llamado la Alianza Gris quizás habría acertado ideológicamente, pero no sería muy popular.

El partido fue más o menos invisible hasta el año 2009, cuando se adhirieron Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y Luis Eduardo Garzón. Como pasa periódicamente en Colombia, en América Latina, y con pocas excepciones, en las democracias mundiales, todos los partidos estaban desprestigiados y la gente quería un cambio. Era el momento de una novedad.

La encarnaron personajes que de nuevo no tenían nada. Los tres eran ambiciosos políticos con varios fracasos electorales a cuestas y un éxito: haber sido alcaldes de Bogotá. Los tres, además, buenos alcaldes, aunque la mayoría pensarán que de los tres realmente dos habían sido buenos, o sólo uno. Pero el proyecto llegó en el momento en el que más se necesitaba: la antesala a las presidenciales de 2010.

Sin embargo, su plataforma no tenía una ideología más allá de un mantra impúdicamente soso: la vida es sagrada y los recursos públicos son sagrados. Por supuesto, así como matar y robar es pecado, pero eso no es un programa político. Habría podido decir que el agua y los cóndores son sagrados, y ahí sí habrían sido un Partido Verde de los de verdad. Fue la repetición hasta la saciedad de estas ideas simples las que terminaron por hundir a Mockus, y por hacer de la supuesta ola Verde nada más que una burbuja Verde.

Ninguno de los tres, ni Mockus, ni Peñalosa, ni Garzón, estuvo dispuesto a poner al partido por encima de sus ambiciones, y la prueba de ello es que ninguno está hoy de lleno en la Alianza Verde. Finalmente no tenían nada que proteger. La Alianza Verde era un medio, no un fin.

Y la Alianza Verde no sólo seguirá siendo un medio, sino que corre el grave peligro de convertirse en un lavadero de imagen, si es que no lo es ya, hasta que no concrete con más claridad una ideología, y que quien quede en sus filas no sea automáticamente ungido de bondad.

Considero que en la Alianza Verde militan muchos de los políticos más honestos de Colombia. Mi candidato era Carlos Vicente de Roux antes de que renunciara, y en términos generales, me gustan los candidatos Verdes. Tiendo a pensar que muchos terminan allí porque son demasiado íntegros para los demás partidos. Sin embargo, éste es precisamente el peligro: nada más allá de los procesos de verificación de los Verdes garantiza que son más decentes que los demás, y los Verdes son cada vez más. Está llegando al punto que la garantía de los Verdes no es garantía suficiente.

Como los Verdes son ambiciosos, como casi todos los políticos y personas que tienen éxito en lo que hacen, jalan para su lado. Como no tienen una ideología clara, terminan desintegrados en pandillas, disgregados hacia otros partidos, autoexiliados de sus feudos y dejando a la deriva a su candidato a la alcaldía de Bogotá. Su espectáculo en la capital fue una vergüenza. Pasó de ser la burbuja Verde a la hidra Verde.

@santiagovillach

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