Por: Mauricio Botero Caicedo

¿(De)formadores de opinión?

Con la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos, el ‘No’ en Colombia, y el Brexit de Gran Bretaña uno se pregunta si los grandes medios y los mal llamados “formadores de opinión” tienen influencia sobre los ciudadanos.

La respuesta parece ser que ninguna. Y no sólo los grandes medios y los columnistas prácticamente no tienen ninguna influencia, sino que en muchos casos interpretan las noticias para que se acomoden a sus deseos, prejuicios o preferencias. Al parcializarse sin la menor objetividad por posturas manifiestamente contrarias a la que votaron la mayoría de los electores, lo que los grandes medios y los formadores de opinión han puesto en evidencia es una asombrosa falta de sintonía y conexión.

El caso del New York Times no puede ser más diciente: hasta las ocho de la noche del día de las elecciones en Estados Unidos este periódico afirmaba que, según su análisis, Hillary Clinton tenía el 82 por ciento de posibilidades de ganar las elecciones. Dos horas después decía todo lo contrario. O sea, el New York Times —el mismo diario que recientemente en un editorial insultó a más del 50 por ciento de los colombianos insinuando que eran unos tarados y desinformados al haber votado por el ‘No’— no ha podido estar más pifiado.

Otro grupo que salió con el ojo morado de estos reveses fue el de las firmas encuestadoras. Con ingenuidad y dudoso profesionalismo culpan de su descache a los “electores vergonzantes”, es decir, aquellos a quienes les daba pena confesar que iban a votar en Inglaterra por el abandono a la Comunidad Europea, en Colombia por el rechazo al Acuerdo, y en Estados Unidos en contra de Hillary. ¿No será que rehúsan aceptar sus propias deficiencias en metodología, profundidad y cubrimiento?

En relación con Colombia, el despiste sobre la opinión del electorado va más allá de los grandes medios y de los “formadores de opinión”. En una desafortunada intervención en el Parlamento Británico, el presidente se refirió a los resultados del plebiscito y dijo que la derrota del ‘Sí’ se debió a una “campaña de desinformación y los mitos que a veces se diseminan en este tipo de campañas…”, añadiendo que “el rechazo al acuerdo de paz fue una respuesta al miedo y el resentimiento resultado de una estrategia basada en desinformación y mentiras como fue admitido por el gerente de la campaña del ‘No’ ”. Se equivoca el mandatario si cree que el mayoritario rechazo de los colombianos a un mal acuerdo se debe a la manipulación de un desconocido que desde Medellín operaba prácticamente en el anonimato, y cuyas sugerencias no las tenía en cuenta ni su familia inmediata.

Pero por lo visto no sólo en el alto gobierno están desconectados de la realidad nacional. Hace unos meses un despistado columnista de este diario afirmaba que “el cobre de Uribe relucirá y todos percibiremos, boquiabiertos o patidifusos, el carácter reaccionario, oscurantista, retrógrado, ultramontano y cuasi fascista de su dogma”, pronosticando a continuación que sin Farc no habrá Uribe. Asume el columnista que el abrumador apoyo al expresidente se limita a sus posiciones respecto a las Farc y no tiene en cuenta que el enorme respaldo a Uribe es reflejo del descontento social, político y económico que existe en el país.

En resumen, amigo lector, si uno de los grandes medios y/o un mal llamado “formador de opinión” (incluyendo el que escribe esta nota) le pronostica un éxito o derrota electoral, en aras de no quedar como un tonto, no le ponga la menor atención.

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