Por: Laura Juliana Muñoz

Del hambre como fuego

El hambre es un estado que no se acepta. Uno mismo es ese estado. “El que está hambriento, busca”. El hambre, como un concepto más universal, es no sólo la necesidad de comer, sino también la de amar, la de saber.

“El hambre es un deseo más amplio”. En este libro no se hablará del mero antojo, sino de esa sensación que drena el alma, la fiebre, lo que nos mantiene despiertos, el infarto. 

Sería muy simple describir Biografía del hambre (Anagrama), de la escritora belga Amélie Nothomb, como el relato de su propia vida y de su anorexia. La novela tiene mayor alcance. Es un ensayo sobre el amor y la carencia, una metáfora sobre el vacío al que hemos sido condenados, una oda al desborde del placer. Y sí, además se construye a partir del recorrido por el mundo de la joven Amélie, quien está forzada a vivir errante.

El viaje empieza en la isla de Vanuatu, en la que nunca nadie ha sentido hambre porque sobra el alimento. Pasa también por la estética de Japón, la opresión de China, la libertad de Estados Unidos y la dictadura de Bangladés. Un retrato de esos lugares se queda aferrado a nosotros mientras navegamos por algo más grande: ese viaje interno, que es el de los afectos modificados por la necesidad primaria de vivir hambriento.

No hay saciedad. No se busca tampoco: “Es bueno para el alma preservar parte de su deseo”. Es bueno sentir ese dolor en la entraña; es la “escalera que lleva al amor” porque “los verdaderos amantes fueron educados en la escuela del hambre”.

Pero la joven se hace cada vez más consciente del mundo: la gente está acostumbrada a construir la existencia alrededor de la falta. Vive en un país llamado Nunca, donde el lenguaje es la nostalgia, la capital es el golfo de la muerte. No se crece ni se acumula belleza o sabiduría. Nacer es despojarse continuamente. Estar allí es inclinarse por el apetito de la vida. Sólo así se puede ser feliz.

Ella sonríe hasta que se vuelve hambrienta por el hambre. Quiere prolongar su dolor con el sufrimiento. Siente dicha al matar el cuerpo porque también mata esas voces confusas que llevamos dentro. Hasta que ya no queda hambre. Ni cuerpo. Ni deseo. La anorexia es la forma de perderse a sí misma, de recordar cada cosa que ha sentido. Como su nana perfecta y triste. Su padre hambriento y frustrado. El joven que vio salir del agua y deseó, aunque estuviera habituada a prendarse de otras mujeres. Entenderemos que la escritura, en el personaje o en la autora (da igual), apareció para darle forma a su incomprensión, así como el hambre apareció para unir las piezas sueltas de su vida.

 

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