Por: Mauricio Rubio

Del prohibido prohibir a lo queer

A pesar de las lagunas, la sexualidad de Rafael Uribe Noguera deja lecciones.

Seductor exitoso, mujeriego, celoso enfermizo, probablemente su inicio sexual fue prematuro, un anuncio de vida agitada. Tuvo roces con una novia porque le robaba ropa para ponérsela. Hacía fiestas con prostitutas y travestis. También “esculcó en el clóset de su vecina, una mujer mayor” que luego lo encontró dormido luciendo sus prendas íntimas. Según habitantes del barrio Bosque Calderón, acosó a una mujer, asedió con dinero a varias niñas y “realizó actos obscenos”. En síntesis, disfrutaba, o padecía, una sexualidad sin cortapisas; no  respetaba límites, era un transgresor.

Sentiido, un portal LGBT, publicó en 2013 un artículo pedagógico, "Queer para dummies", sobre “sexualidades que traspasan las fronteras de lo aceptado socialmente, la vida heterosexual, monógama y entre personas de la misma edad y clase social”. La de Rafael encaja en versión abominable: con menores. No abundan en la literatura queer, ni en esta lección introductoria, advertencias sobre límites de edad.

Hay cuentos infantiles queer. También para párvulos, la célebre “cartilla de Gina” cita a Sergio Urrego: “mi sexualidad no es mi pecado, es un paraíso”. Hace falta frescura para no ver ahí una promoción del gustico cuanto antes. La discusión peliaguda es si explorar la orientación e identidad sexuales desde la infancia induce iniciación precoz. Conservadores escandalizados claman que sí; los progres replican que eso es fanatismo religioso. Y nadie contrasta la hipótesis para que un debate pasional e inútil se vuelva empírico y conducente.

En la febril reacción al asesinato de Yuliana hubo reproches a Maluma y Jiggy Drama, como si el lío fueran unos cantantes con olfato comercial. Lo inaudito es la fanaticada apenas púber reguetoneando odas a la violencia sexual. Sería miope achacarle al patriarcado esa hinchada, tal vez fértil en Rafaeles, ignorando el discurso anti sistema, libertario, queer, sin “para mayores de 18” y prioridades egocéntricas. Con altísimo embarazo adolescente –una epidemia heterosexual- considerar esencial en los programas escolares el cuestionamiento de la heteronormatividad desde la infancia es estrafalario. Para personas formándose, el embrollo con la teoría de género es descomunal: sexo y género difieren, hombre o mujer son asignaciones arbitrarias y modificables; nadie debe interferir el libre desarrollo de la sexualidad de criaturas naturalmente buenas. El fantasma feminista del violador camuflado en cualquiera que mire furtivamente a una mujer atractiva completa la sindéresis.

La incoherencia confunde y desdibuja tabúes como los que progresivamente rompió Uribe Noguera. En su caso no sirve la trillada y anticlerical explicación de la educación represiva. Más parsimonioso destacar al oligarca sin talanqueras que se desbocó. Inclinaciones tempranas impredecibles e impunes, más clasismo o arribismo rampantes, pervierten el discurso emancipador para justificar desmadres. El mensaje “lo que quiera, menos con menores” requiere autocontrol selectivo, hiper focalizado, de psicología ficción.

La dinámica recurrente en dictadores, narcos, paramilitares, magnates decadentes o políticos corruptos, inmunes a los controles, es similar: sexo obsesivo y desaforado, experimentación permanente y alta rotación de parejas cada vez más jóvenes. En lugar de generalizar a la ligera, angustiándose por esa deriva en cualquier mortal, la prevención exige identificar adecuadamente otras categorías de abusadores: parientes, jefes, colegas, delincuentes comunes o psicópatas seriales. Los diagnósticos difieren, con un eventual elemento compartido: la sexualidad temprana, forzada o voluntaria. Las medidas de Uribe Noguera contra el piropo en sus obras ilustran que la histeria por nimiedades es inocua. La respuesta judicial condundente ante un ataque previa y legalmente definido como delito, no por capricho de la ofendida, es la estrategia disuasiva idónea, racional, que además previene la reincidencia.

La liberación queer la precedió el “prohibido prohibir” del Mayo 68 francés. Daniel Cohn-Bendit, líder visible, intelectual chévere, izquierdista, “ecoló” y actual diputado al parlamento europeo, publicó en 1975 “El gran relajo”. Años después reiteró en una entrevista sus confidencias. “La sexualidad infantil es fantástica. Cuando una pequeña de cinco años te empieza a desvestir es un juego absolutamente erótico maníaco”. En norteamérica también hubo presión militante para soltar cualquier amarra: la asociación pederasta “Man-Boy Love”, que veía en esas relaciones protección contra la homofobia, fue apoyada por un sector gay e incluso por parte del feminismo.

Las feministas pragmáticas y sensatas son madres. Una ventaja de la adopción LGBT, al extenderle responsabilidades en la crianza a esas minorías, sería aterrizarlas para paliar los estragos de su retórica sobre infantes y adolescentes. Con el trajín cotidiano entenderán que la teoría de género, o ideología, o como se llame esa charlatanería, es tan nefasta para la educación sexual como prescindible para la no discriminación ee inclusión. Los cristianos no usan el creacionismo para hacer valer sus derechos, incluso el de apoyar un referendo absurdo, en buena parte provocado por el discurso queer para sus hijos.

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