Por: Gonzalo Hernández

Del timbo al tambo

Más allá de un SÍ o un NO.

Hace un tiempo usé la pintura “navíos en una tormenta” de Claes Claesz Wou para caricaturizar el estado de la economía colombiana: del timbo al tambo, en medio de una turbulencia externa, acompañada por otras economías en desarrollo en su intento de volver a un rumbo seguro, y con poco control sobre su destino.

También dije que si mirásemos detenidamente hacia el interior del barco, veríamos a miembros de la tripulación peleando por el timón, culpándose por haber decidido esa ruta, a pasajeros enloquecidos, y a otros haciendo lo mejor posible para no caer. Los más débiles, los excluidos, caen todo el tiempo.

Sin duda, hemos tenido por mucho tiempo una sociedad a la deriva, resultado de profundas fallas de coordinación. Los intereses y el poder de algunos grupos, no alineados con los intereses públicos, nos han negado la posibilidad de una sociedad solidaria y de cooperación. Nos han llevado en cambio hacia una sociedad corrupta y de conflicto. Pero esto no es problema solamente de la dirigencia sino de todos.  

En buena medida, resultado del desgaste y la destrucción de tantos años, tenemos ahora los acuerdos de la Habana: esperanzadores, imperfectos, frágiles, necesarios. Pero es precisamente tal fragilidad la que nos obliga a pensar sobre las condiciones necesarias de "desarrollo para una paz estable y duradera", en un país de regiones, con amplias zonas del territorio nacional desconectadas y pobres, con amplias brechas en la distribución de ingreso, riqueza, acceso a bienes públicos y acceso a la democracia.

En muchos casos la capacidad de cohesión social de los colombianos ha sido resquebrajada. En una sociedad que falló por tantos años en hacer de sus habitantes ciudadanos, infortunadamente se enquistó un individualismo mal concebido y el irrespeto por lo público.

Estamos ahora en la línea de partida de una reconstrucción. La reconstrucción no será rápida pero tendrá que iniciar rápidamente. De lo contrario, se materializarán los temores de los menos optimistas acerca del proceso de paz.

El Gobierno debería hacer público los detalles de su estrategia económica de desarrollo para el post-acuerdo, la oposición debería llevar el debate a un plano propositivo, y la academia, como ejemplo de un actor esencial de la sociedad civil, debe seguir fomentado los espacios de discusión y acelerar la concentración de sus recursos y agendas de investigación hacia los temas de desarrollo sostenible e incluyente en Colombia. Es cierto que la academia debe ampliar las fronteras del conocimiento pero también las fronteras de su aplicación.  

Cuando la sociedad civil esté claramente al frente del tema de la paz, la calidad del debate será de apreciar, la paz estará por encima de la mezquindad política, y no estaremos en otro timbo al tambo: el del triunfalismo del Gobierno y el de la visión apocalíptica de la oposición.

Coletilla. Mal ejemplo de coordinación de política macroeconómica nos dan el Gobierno y el Banco de la República. Ya llevamos dos semanas de “yo no fui, fue usted”.

El autor es el director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.

 

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