Por: Gonzalo Hernández

Desarrollo humano castro-chavista

Dicen que la revolución les dio a los cubanos educación, salud y deporte, y a cambio les quitó el desayuno, el almuerzo y la comida. Difícil pensar que el comentario sea más que un buen intento de sátira.

De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (IDH), el país caribeño se encuentra en un nivel alto; ocupa el puesto 67 en un escalafón de 188 economías, donde la primera es Noruega, la última es la República de Níger, y donde Colombia está 30 puestos detrás de los cubanos: puesto 97. ¿Venezuela? 26 puestos por encima de Colombia: puesto 71.

El IDH agrega indicadores de tres dimensiones: vida larga y saludable, conocimiento y estándar de vida. No incluye indicadores directos de desigualdad del ingreso o pobreza; sin embargo, estos se ven reflejados, sin duda, en las dimensiones de salud y educación.

Para dar algunos ejemplos concretos de las diferencias frente a nuestro país, mientras un colombiano tiene en promedio 7 años de escolaridad, en Cuba tienen 11,5 (apenas un año menos que los 12,6 de Noruega). En esperanza de vida al nacer, los cubanos tienen 79 años, los colombianos 74.

Como cualquier índice, el IDH está sujeto a criterios de subjetividad. Pero sería muy raro acusar a Naciones Unidas de ser aliada de la propaganda oficialista de los regímenes de izquierda radical de América Latina, o de la República Islámica de Irán, que se ubica en el puesto 69.

Vale la pena observar que los resultados de Cuba y Venezuela no son una cuestión coyuntural. El IDH de Cuba pasó de 0,68 en 1990 a 0,77 en 2014 y el de Venezuela pasó de 0,64 a 0,76.  Estos avances recortaron las brechas frente a los más desarrollados.

Que quede claro un asunto. Los datos no sugieren que debemos movernos hacia los modelos económicos cubano o venezolano. Por cierto, entre 1990 y 2014, Colombia también mostró adelantos importantes en términos de su IDH (de 0,60 a 0,72). Por otro lado, la sostenibilidad de Cuba y Venezuela está seriamente amenazada por sus condiciones macroeconómicas. Además, no hemos hablado del ejercicio de las libertades políticas y democráticas que en promedio están mucho más restringidas allá que acá.

Pero eso sí, antes de atacar al castrochavismo, deberíamos ahorrarnos la vergüenza de estar 30 puestos detrás de Cuba. Con tal diferencia en el escalafón, es cierto que muchos colombianos, los más pobres, los que igual tienen restringidos de facto sus derechos democráticos aquí, los que no tienen acceso a salud y educación, estarían mejor en Cuba que en Colombia.

Para tener la autoridad moral de cuestionar a los cubanos; para defender con realismo,  no con populismo, el patriotismo colombiano, nuestro modelo de desarrollo debe ser para nuestros compatriotas más vulnerables siempre superior a lo que se rotula como castrochavismo. Tal demostración tiene que venir con una Colombia mucho más incluyente. Mientras tanto, “no miremos la paja en el ojo ajeno sino la viga en el nuestro”.

El autor es Profesor Asociado y Director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana

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