Por: Luis Carvajal Basto

Deslealtad vicepresidencial

Caben muchas objeciones a la Reforma Tributaria, pero, luego de seis años cogobernando, es demagógico y populista afirmar que no se necesitaba. La politiquería en Cambio Radical se hizo evidente.

A nadie le gustan los impuestos. Menos si, como en este caso, afectan más a los sectores débiles y con bajos ingresos de la población. No es una medida popular y solamente se puede justificar  por circunstancias excepcionales que en este caso no han sido explicadas a la opinión por  el ministro de Hacienda. La reforma es una decisión de Estado, como  debería serlo  la buena gestión y el cuidado pulcro de los recursos públicos.

Cualquiera esperaría que decisiones tan gravosas estuvieran precedidas por  medidas y hechos contra la corrupción, mucho más en un momento  en que se encuentra fresco el desastre de Reficar, que costó 4.000 millones de dólares más de lo previsto; aprobada el mismo día en que la Contraloría General de la República  destapó  los sobrecostos por 406 millones de dólares de la planta de etanol en el Meta, y se conocieron las coimas por los contratos de Odebretch. ¿Más impuestos y la corrupción ahí? Pensamos todos.

La reforma  ha sido  necesaria por la estabilidad de la Economía, buscando reponer recursos  perdidos por el bajo precio del petróleo y su efecto en los ingresos del Estado. No es estructural, como se ha dicho, salvo por el aumento en la Tarifa del IVA  y una leve reducción del impuesto a la renta de las personas jurídicas que no hace diferencia como para promover mayor inversión.

Pero, según el gobierno, resultaba indispensable por la presión de las calificadoras de riesgo para evitar una mayor pérdida de confianza en  la Economía, con el subsiguiente aumento en el pago de intereses  de  deuda  y un mayor deterioro en la tasa de cambio. Los recursos a conseguir  permitirán que el Estado cumpla sus funciones en Salud y Educación etc. El argumento según el cual  faltan recursos por   que tenemos exceso de gastos  no es tan cierto y tampoco soluciona los problemas de las finanzas públicas. Sumando y restando, el gobierno tomó su decisión.

Los partidos de la coalición que ha gobernado   los seis últimos años, se dieron un lapo que puede resultarles costoso  en las próximas elecciones. Pero fueron coherentes con el proyecto político en que han participado; solidarios con el gobierno considerando  que no se pueden paralizar sus acciones. Cambio Radical, el partido del vicepresidente, en cambio,  busco pretextos  para no asumir el costo político de apoyar la reforma luego  de cogobernar, con varios ministerios a su cargo, lo que le facilitó varias victorias en las elecciones regionales. Con razón Congresistas de varios  partidos  hicieron ver que al vicepresidente “le gusta la leche pero no la vaca”, luego de varios años ordeñándola.

Si el presidente le pide la renuncia al vice presidente, cosa que en cualquier caso  se producirá antes de mayo por su condición de candidato, en lugar de perjudicarlo  le haría un enorme favor ahora que Vargas Lleras quiere deslindarse del gobierno.

Lo sucedido pareciera darle la razón  a un chisme que circula en círculos políticos  según el cual el vicepresidente y el ex presidente Uribe tienen un acuerdo secreto para  las presidenciales. No creo que sea así: el doctor Vargas ya dejó “tirado” a Uribe luego de usufructuar  sus  gobiernos; otro tanto hizo con Horacio Serpa cuando lo abandonó faltando días para elecciones; la misma fórmula que empieza a aplicarle a Santos. ¿Alguien podrá creer que su postura frente a la reforma tributaria es de principios? ¿Será igual de leal con sus electores?  Esa conducta no es excepción si no regla en su trayectoria. La política no es “mala” en si misma; lo son  malos políticos que la desprestigian.

@herejesyluis

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