Por: Eduardo Sarmiento

Después del desplome, ¿qué viene?

En la última columna señalé que la economía colombiana crecería cerca del 1 % en el tercer trimestre y menos del 2 % en el año completo. A los pocos días el DANE divulgó las cifras de cuentas nacionales que confirmaron la predicción. La economía colombiana completó dos años de caída sistemática de crecimiento contradiciendo las predicciones de los organismos nacionales e internacionales. La pregunta generalizada es si la economía entrará en un período de recuperación o continuará descendiendo.

En varias oportunidades he ilustrado cómo la economía se deteriora en forma creciente en las más variadas áreas, como la minería, la industria, el comercio internacional, el empleo, la inversión y la liquidez. Pues bien, la información sectorial del tercer trimestre lo ilustra en pocas cifras. La mayoría de los sectores económicos están sumidos en índices negativos. Los únicos sectores que crecen son la industria, con 2 %; la construcción, 5,5 %, y los servicios financieros, 3,7 %. Lo grave es que no son sostenibles. El crecimiento de la industria es menor que la contribución de Reficar, que es un factor que opera por una sola vez y se verá seriamente reducido en el próximo año. El crecimiento de la construcción está acompañado de un aumento de 1,7 % de las obras civiles y de caídas de más del 10 % en el cemento, los materiales de construcción y las licencias.

El proceso acelerado de deterioro se justifica diciendo que ya tocó fondo y que lo peor ya pasó. Ningún centro de estudios nacional o internacional ha avanzado en un diagnóstico sobre esta evolución a todas luces irregular. En esta columna hemos señalado que estamos ante el colapso de los paradigmas centrales del modelo económico. El libre comercio configuró una estructura productiva de baja complejidad y demanda, y más, dominada por las commodities. La devaluación ha coincidido con un desplome de las exportaciones y con el encarecimiento de las importaciones. El alza de la tasa de interés ocasionó una severa contracción del crédito y la liquidez. Los tres elementos han configurado una estructura económica que induce una caída libre de la producción.

En los libros de texto se da por cierto que la caída de la actividad productiva genera fuerzas que la recuperan. No hay caída libre. Se equivocan en materia grave. En el caso de una devaluación masiva acompañada del alza de la tasa de interés se ocasiona una reducción de las importaciones esenciales y una severa contracción del crédito que precipitan el desplome de la inversión. La economía entra en un descenso que se acentúa y no tiene cómo terminar.

Aparece un abierto conflicto entre la balanza de pagos y la actividad productiva. La reducción del déficit en cuenta corriente está condicionada a una caída persistente del ingreso nacional. Como lo advertí en varias oportunidades, la situación se asemeja a la experiencia de los países periféricos de Europa, que tuvieron que deprimir los salarios y elevar el desempleo por encima del 20 % para ajustar las balanzas de pagos, y lo más lamentable, repite muchos de los errores de la recesión colombiana de 1999.

Es hora de que se entienda que la caída de la economía se origina en serias falencias en la estructura productiva, la modalidad cambiaria y la inflación objetivo del Banco de la República. La solución no puede ser distinta a removerlas. En términos generales, se plantea introducir una política industrial que oriente la producción hacia las actividades de mayor demanda mundial, propicie el aprendizaje en el oficio y modere los costos; intervenir el sistema cambiario y concederles tratamiento distinto a las exportaciones y las importaciones, y poner en práctica una política abierta de ampliación del crédito y financiación de parte del déficit fiscal.

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