Por: Aura Lucía Mera

Día mundial del retrete

Cifras espeluznantes. Fotografías que latigan el corazón. Estadísticas y testimonios que pasan desapercibidos porque muchas veces estamos más interesados en contemplar la foto de un cantante besando a su exmujer, o embelesados con los chismes de “realeza” o la farándula; la gripa del hijo de Shakira nos estremece, o las injusticias contra James porque no lo dejan jugar todo el partido.

El sábado pasado se celebró el Día mundial del retrete, inodoro, excusado o como se le quiera llamar. Me llamó la atención el titular. Lo que no me imaginé fueron las proporciones de esta tragedia global, en pleno Siglo XXI gobernado por la globalización económica y la adoración reverencial al becerro de oro.

Más de 2.400 millones de seres humanos no tienen a acceso a un inodoro, muchísimo menos a agua potable. Más de 350 mil niños mueren al año por diarreas en infecciones relacionadas con esta carencia de condiciones sanitarias. Una de cada diez personas en el mundo defeca y orina al aire libre sin tener acceso a ningún tipo de higiene personal. La población más vulnerable son las niñas que llegan a la pubertad, sin tener derecho a la mínima privacidad para cuidar su intimidad, siendo muchísimas veces víctimas de violaciones y escarnio público, viéndose en la penosa necesidad de desertar de sus escuelas para no sufrir la vergüenza de exhibir públicamente su entrada en la madurez hormonal.

Sobra decir que tampoco estos millones de hombres, mujeres y niños logran el “privilegio” de conocer el papel higiénico, el jabón, el agua limpia. Están condenados a vivir y convivir entre sus excrementos que se dispersan por los campos, los ríos, las cañadas, las arenas o el barro que rodean sus hábitats. En ese medio cocinan, se alimentan, crecen y sobreviven.

LA ONU desde el 2001 está trabajando en la concientización de esta tragedia global, pero todavía los logros son incipientes. Son mucho más poderosas la indiferencia del resto del planeta y la avaricia de algunos países enfocados en atesorar dinero y poder. La miseria de millones de seres no importa... son noticias que a veces leemos a la carrera mientras estamos “sentados en el trono” o atragantándonos con un opíparo desayuno.

Sigo leyendo. En el año 2000 antes de Cristo, en Creta se inventaron los primeros inodoros completos, con cisternas que limpiaban las evacuaciones, alimentadas por corrientes de agua. Pero la invención moderna del aparato, como lo conocemos ahora, se la debemos a un inglés, ahijado de Isabel I, John Harrington, que lo llamó “Ayax”.

Busco la definición etimológica de “inodoro”. Significa que no tiene olor. Es un recipiente en forma de tasa que sirve para orinar y evacuar el vientre en postura sentada... y que tiene un mecanismo en forma de cisterna para limpiar los residuos y alejar los olores. En cambio, la palabra “retrete” viene de “reti-rete” o “retiro pequeño” y generalmente estaba ubicado en un cuartico pequeño al final de la casa, con una ventanita para la ventilación.

Pienso en todas las cosas que durante la vida he tomado como derecho propio; cosas tan significativas y al mismo tiempo insignificantes por haberlas vivido desde que nací. Una ducha, el inodoro, el agua, la cama, la vivienda, la tranquilidad económica, el acceso a la salud, un automóvil, las tres comidas diarias, la televisión, la ropa, las sábanas limpias, la salud. Todos esos regalos de la vida que simplemente me llegaron sin haber hecho nada para merecerlos... y que jamás he agradecido.

Siento un nudo en la garganta y en el corazón. Y esa enorme responsabilidad de compartir. ¿Por qué yo sí y los otros no? Se acerca la Navidad. Reflexionemos un poco.

 

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