Por: Santiago Montenegro

Diálogo de conversos

En Diálogo de conversos (Editorial Suramericana), Roberto Ampuero y Mauricio Rojas hacen una fascinante reflexión sobre la historia y el presente de su país, Chile.

Militantes marxistas en su juventud, el golpe militar de 1973 los envió al exilio (Ampuero a Alemania Oriental y Cuba, y Rojas a Suecia), en el libro se desgrana sus trayectorias personales, su desencanto con el totalitarismo y socialismo real, su descubrimiento de la democracia y la libertad, y su reencuentro con la misma democracia chilena.

Pero, más allá describir sus trayectorias personales, este es un magnífico ensayo de filosofía política aplicada al análisis de los problemas y conflictos del Chile de hoy, un país lleno de paradojas y contradicciones. Por un lado, Chile es el país más exitoso de América Latina, con un ingreso per cápita de unos US$22.000 (Colombia está en unos US$8.000), una caída dramática de la pobreza y la indigencia y el país de América Latina con la más alta movilidad social y crecimiento de la clase media durante los últimos 20 años.

Pero esta prosperidad no produjo gratitud perpetua de los beneficiados, sino más expectativas, nuevas demandas y un enorme descontento, especialmente entre los jóvenes. Generó también una de las sociedades más individualistas y con mayor desconfianza de toda la región. Y, a ese descontento, se ha sumado más recientemente un descrédito generalizado de los partidos políticos y de sus dirigentes, tanto de derecha como de izquierda, así como un sentimiento casi generalizado de que la corrupción ha permeado al sector público y al mundo de los negocios y al empresariado.

En estas circunstancias, temen la aparición de un mesías, un salvador, un refundador que, como Hugo Chávez, prometa la solución definitiva, “ahora y para siempre”, de todos los problemas, y eche por la borda los logros alcanzados.

Ampuero y Rojas cuestionan la actuación de todos los partidos, incluyendo a los de centro y centro derecha, pues, según los autores, les ha faltado más sociología y más ciencia política para entender a la sociedad, así como carecer de una agenda de futuro.

Para los autores, esa agenda, ese telos, deberá ser alcanzar la mayor libertad posible para la mayor cantidad posible de individuos, definiendo a la libertad no solo como la libertad negativa, sino también la libertad como capacidad para realizar cosas, tal como lo plantea, por ejemplo, Amartya Sen, un concepto muy cercano a la economía social de mercado.

Reconocen, por supuesto, que esa sociedad, que es la de la igualdad de oportunidades, requiere mayor pago de impuestos, pero esto no necesariamente conduce a un Estado omnipotente, porque tienen en mente el modelo sueco, en donde la ejecución de los programas sociales los realizan muchos proveedores privados y el Estado juega un papel de control y crecientemente subsidiario.

Creen que para implementar una agenda de esta naturaleza es menester alcanzar grandes acuerdos nacionales, una lucha frontal contra la corrupción, una política de mucha cercanía a la gente y un mayor protagonismo de la sociedad civil.

En síntesis, Ampuero y Rojas plantean unas reflexiones para un movimiento político de la esperanza, una alternativa de progreso y no de regreso, un proyecto positivo y no negativo, con una economía de mercado con competencia y no mercantilista con un país abierto y no cerrado al mundo. Un proyecto liberal con solidaridad social.

 

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