Por: Luis Carlos Vélez

Dilma y el ocaso de la izquierda

La apertura de juicio político a Dilma Rousseff y las altas probabilidades para que salga definitivamente del Gobierno son una clara demostración de que la izquierda latinoamericana está severamente desgastada y se ha quedado corta ante sus vastas promesas.

Este capítulo de Rousseff se suma a otros escritos por Cristina Fernandez de Kirchner y Nicolás Maduro con letras que suman corrupción, escándalo, división y pobreza. El análisis más severo debe venir desde el corazón de los partidos políticos que abanderan postulados parecidos, ya que hace diez años pensar en un escenario tan nefasto, cómo este, era tan difícil como apostarle como ganador de la Premier al Leicester City. Sabíamos que el resultado sería paupérrimo, pero no tanto.

Entonces ¿qué ocurrió?. Tres factores principales contribuyeron a la debacle de este funesto capítulo regional llamado el socialismo del siglo XXI. Estos son división, corrupción y mal manejo económico.

Empiezo por lo último. La izquierda latinoamericana no supo administrar la bonanza más generosa de los últimos tiempos. Durante más de una década nuestra región recibió sin hacer mucho esfuerzo miles de millones de dólares producto de una combinación difícilmente replicable: altos precios de materias primas, crecimiento de China y bajas tasas de interés en EE. UU. Este flujo de divisas fue dilapidado por Kirchner, Maduro, Chávez y Rousseff. Desperdiciaron la oportunidad para adelantar inversiones en infraestructura relevantes, hacer reformas para asegurar la estabilidad económica, impulsar el empleo, generar confianza inversionista, fortalecer sus sistemas financieros y establecer una cultura que premie la innovación y el emprendimiento. Nunca entendieron que redistribuir la riqueza es tan importante como generarla por que de lo contrario lo único que termina repartiéndose es pobreza, tal y como ocurrió.

En segundo lugar está la división. Los gobiernos socialistas del siglo XXI fundamentaron su respaldo en el odio. Si no piensas cómo ellos, eres su enemigo. Te perseguirán, acosarán, callarán, expropiarán o encarcelarán, si no eres un borrego más que repite sus frases o matrices de opinión. Olvidaron que hay una profunda diferencia entre gobernar y mandar. Los Presidentes deben hacer lo primero y para ello se requiere gran capacidad de persuasión. Optar por lo segundo terminó estrangulando los sistemas de pesos y contrapesos que fundamentan los sistemas democráticos. Su poca tolerancia también acabó con los medios de comunicación. Sin ellos, las voces disonantes y cuestionadoras terminaron siendo reemplazadas por la estática producida por los coros áulicos que navegan entre las aguas de los insultos y las alabanzas. Obviamente los primeros reservados para los contradictores y las segundas para los dueños del régimen.

Y por último, corrupción. Los Kirchner con sus maletines llenos de dinero y sus inversiones millonarias, Maduro y Chávez y los episodios de narcotráfico, los boliburgueses y el reparto de prebendas a tutiplén y Dilma ahogada en el maquillaje financiero de las cifras nacionales y la sombra de Petrobras. Qué terrible y sórdido final.

Lo que se viene es igual de peligroso. El fracaso de los anteriores no puede ser interpretado como vía libre para que desde la otra orilla política vengan también a robar, matar o atropellar. La gran lección de estos dolorosos años debería ser que la gente siempre termina por darse cuenta de las orejotas que tiene el burro sin importar que embista por la derecha o la izquierda.

En el caso de Colombia ahora más que nunca la lección debe estar aprendida. No hay que ser Santo Tomás para darse cuenta que los cantos de sirena estilo Chávez o sus amigos terminan por destruir naciones sin importar cuan rica sean. Ya conocemos el resultado, el agua moja y la candela quema.

632443

2016-05-16T06:41:50-05:00

column

2016-05-16T06:41:50-05:00

none

Dilma y el ocaso de la izquierda

32

3936

3968

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carlos Vélez

Se necesitan empresas para crear trabajos

Caballo de Troya

Cacerolazo sí, saqueos no

No marcho

A lo Piñera