Por: Jaime Arocha

Diversionismo

En La Habana, el Museo de Bellas Artes le dedica un espléndido edificio a la transformación del arte cubano desde la colonia hasta 1996.

Hay representaciones de la esclavización en plantaciones y ciudades, así como de las tres grandes religiones nacionales, Santería, Palo Monte y Abacuá.  Sobresale un arte revolucionario que le hace eco a consignas de murales callejeros,  Socialismo o muerte; Unidos en una sola causa, bajo una sola bandera; Somos los tripulantes del Granma…

Un “Detector de Ideología” desvaneció la solemnidad patriótica. En 1989, Lázaro Saavedra elaboró la cajita de cartón negro para detectar qué tan contrarrevolucionaria o diversionista puede ser una persona, y si el mal es consciente o inconsciente. Pese a que la pieza evidenciara cómo allá la gente contrarresta los infortunios con humor, a medida que anotaba los detalles de la obra, recordé la entrevista para la televisión nigeriana que realicé el 13 de marzo de 2012 con el antropólogo cubano Jesús Guanche en Calabar, desde donde fueron deportados los igbo o carabalí hacia las Américas y el Caribe.

El programa versaba sobre las reparaciones a africanos y afrodescendientes por la trata esclavista, declarada como crimen contra la humanidad por la Convención de 2001 que las Naciones Unidas celebró en Durban contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Resumí cómo en Colombia, por primera vez en la historia, la reforma constitucional de 1991 había hecho visibles a las comunidades negras y les había reconocido los derechos por los cuales luchaban, incluyendo dominios colectivos ancestrales, a partir de la resistencia contra el trabajo esclavizado en minas aluviales de oro, haciendas ganaderas y de trapiche, entre otros lugares de ignominia. Resalté el reconocimiento hasta entonces inédito de las autoridades tradicionales, mediante la legitimación de unos consejos comunitarios que también sentaban las bases para la democracia participativa, además de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos para valerse del conocimiento y combatir el racismo desde la escuela.

Guanche descalificó esa reforma por divisionista e imposición yanqui, reiterando que el modelo probado era el de la Revolución Cubana, de igualdades universales y mestizajes múltiples. Aquí ese pensamiento afloró en la condena a la territorialidad colectiva como “forma inferior de propiedad” que creaba un apartheid en el Chocó. El 27 de agosto de 1993, la hicieron pública los sindicalistas de la CGTD cuando el presidente César Gaviria sancionó la Ley 70 de 1993 en el parque Mosquera Garcés de Quibdó. La literatura sobre esa ley incluye descalificaciones por culturalista, particularista, y oportunista: dizque clona las reivindicaciones del movimiento indígena. A lo largo de estos 25 años, no he dejado de preguntarme dónde están las alternativas de visibilización, reparación e inclusión de la gente negra que esos críticos tuvieron que vislumbrar a lo largo del proceso de reforma constitucional. Quizás la respuesta esté en el dicho de que “pa’tras, uno es muy inteligente”.

Nota: ojalá la ambigüedad del documento que el Alto Comisionado reveló sobre la salvaguarda a los derechos de los pueblos étnicos en el acuerdo final de paz quede superada mediante cartografías rigurosas de los territorios ancestrales (ver aquí y aquí).

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