Por: Gonzalo Silva Rivas

Dividendos de la paz

La violencia y la inseguridad generadas por acciones terroristas pasan costosas cuentas de cobro en el turismo.

Son efectivas armas criminales para ahuyentar viajeros. Eso le ha pasado a este país durante largas décadas, y lo sufre actualmente Francia, el principal destino turístico del mundo, que por culpa de los atentados en el último par de años, en Paris y Niza, sufre el impacto de una fuerte recesión.

El turismo en esta nación tiene una importancia económica estratégica. Representa el 7 por ciento de su PIB y participa como activo irrigador laboral. Sin embargo, desde el cruento ataque contra el semanario satírico Charlie Hebdo, en 2015, y el posterior atentado en Niza, hace un mes, las cifras de la industria ruedan cuesta abajo, con un descenso superior al 10 por ciento.

El verano francés está encapotado este año, no solo en Paris y en Niza sino en varias poblaciones que se mueven al ritmo del sector. Las alarmas han echado a pique buena parte de espectáculos al aire libre y eventos culturales, frecuentados por ávidos consumidores extranjeros. El pasado fin de semana Marsella canceló su tradicional Show de las Patrullas, una vistosa exhibición acrobática de la aviación transalpina, en tanto que la balnearia comuna La Baule, en el Atlántico, por primera vez cierra las puertas de su referenciado Festival Internacional del Fuego. 

Francia encabeza el ranking mundial de países receptores de turismo, con 86 millones de visitantes al año, pero la parálisis de su oferta y los vientos de incertidumbre que soplan sobre su territorio han bajado de los aviones a millares de temerosos turistas. En este primer semestre el arribo de pasajeros aéreos desde el exterior cayó seis por ciento, respecto a igual período anterior, y las reservas hoteleras se desplomaron 20 por ciento, con visible pérdida del rentable flujo asiático. De poco han servido los esfuerzos del Gobierno por llamar a la tranquilidad, ni la disposición de sus habitantes por retratar en sus calles -en medio de esporádicos conatos de pánico- la cotidianidad de una vida normal y corriente.

El terrorismo le pone el freno de mano a uno de los motores que soportan la quinta economía mundial y la priva de los beneficios que irradia esta industria vertiginosa, que crece por encima del promedio de la economía global y lidera los registros de empleo en varias naciones. El año pasado -el sexto ininterrumpido de avances tras la crisis de la última década- las llegadas de turistas internacionales en el mundo sellaron otro total histórico al alcanzar 1.184 millones, 4.4 por ciento por encima de 2014, según la OMT, organismo que proyecta incrementos del 3.3 por ciento anuales hasta 2030, fecha en la que se confía coronar la cima de los 1.800 millones de turistas.

El turismo, en consecuencia, se proyecta como la industria más sólida de este siglo. Pero también es la más vulnerable a los procesos de violencia e inseguridad por las repercusiones en reputación e imagen de los destinos afectados. Los riesgos de perder parte o toda su tajada dentro un mercado lleno de posibilidades son inevitables, consecuencia de la reacción de los viajeros –entre ellos, los de mayor poder adquisitivo-, de hacerles el quite y buscarles reemplazo por parajes sosegados.

Mientras Francia -que tiene en el turismo una industria madura y próspera- podría tardar entre dos y cinco años para recuperarse de los efectos del terrorismo relámpago que sufre, Colombia, inmersa en su histórico conflicto armado y con un sector incipiente, marcha lejos de entrar con buen paso a esa gran fiesta de las oportunidades. El acuerdo con las Farc, sin embargo, marcaría el punto de partida para desempolvar y promover ese medio país -copioso en recursos naturales- que el movimiento guerrillero controla hace medio siglo. La probabilidad de empaquetarlo dentro de un entorno social armonioso, dispararía las cifras de visitantes y de divisas.

Resulta incomprensible, entonces, la perversa lógica de quienes quieren mantenernos en la guerra. Los mejores dividendos de la paz se consiguen poniendo sobre el piso, bien “concentrado”, al grupo terrorista más añejo del mundo, y no teniéndolo por ahí, gaseoso, en el aire, “volando” poblaciones y oleoductos en distintos rincones del país.

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@Gsilvar5

 

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