Por: Manuel Drezner

Don Quijote y la música

Un grupo llamado La Grande Chapelle, bajo la dirección de Albert Recasens, se presentó en el Teatro Santo Domingo con un programa inspirado en el Quijote.

En esencia, lo que hicieron fue tomar una serie de obras de músicos de los siglo XVI y XVII, fundamentalmente para varias voces, relacionarlos con fragmentos del Quijote, seleccionados por dos estudiosos, y que fueron publicados en el programa de mano, junto con los textos de las obras. A veces, hay que decirlo, la relación fue muy tenue, pero lo cierto es que si uno se olvida de esto, se tuvo la oportunidad de escuchar una serie de obras del mayor interés, bastante bien ejecutadas por sus intérpretes y que si bien no hicieron un reflejo musical de la obra cervantina, sí dieron un panorama acertado de lo que fue el arte musical español de esos tiempos.

Hay que recordar que la época de Cervantes fue la de un florecimiento único de la cultura de España. La inspiración de Felipe II, quien además de construir El Escorial reinó en una edad de oro que dio al mundo obras fundamentales, permitió que florecieran grandes artistas y ellos son los que presenta el grupo visitante. Claro que también fue esa la época cuando la repugnante Inquisición se extendió al lado de la obras maestras creadas en esa era, pero esos son contrastes habituales en la historia de la humanidad. La música española de los tiempos de Cervantes era de gran riqueza y el insigne autor reflejó en su obra ese hecho con frecuentes alusiones a ritmos, instrumentos y bailes de la época. Allí está la famosa frase de Sancho Panza a la Duquesa de que donde se oye música no puede haber maldad (Capítulo 23 de la segunda parte) y Cervantes menciona numerosos romances y villancicos que han llegado a nuestros días.

En el concierto que se comenta no hubo ejemplos del romancero, pero sí gran número de obras a varias voces, adaptadas al conjunto de dos violas de gamba, guitarra, arpa y chirimías que alternaban con flautas dulces, además de una percusión algo sobria. La mayor parte era música secular (incluso un bellísimo solo de Juan Hidalgo), aunque hubo dos extractos de obras sacras de Mateo Romeo y del Padre Victoria, que hicieron que se deseara hubiera habido más de esto y, como se dijo, a varias voces. El concierto fue interesante, la ejecución de gran categoría y el público salió evidentemente satisfecho. La Grande Chapelle hace presentaciones con imaginación y gran musicalidad y eso lo convierte en un grupo que definitivamente da grandes satisfacciones cuando se escucha.

 

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