Por: Daniel Mera Villamizar

Dos visiones sobre el acuerdo de paz (1)

Para unos, es liberar al país de la guerra; para otros, es como pagar el rescate de un secuestro, agridulce.

Aparentemente, hay “pacifistas” y “guerreristas”, y se descalifica éticamente a los “guerreristas”, que no se auto-reconocen así. En rigor, los fundamentos éticos de unos y otros son igualmente válidos y legítimos, aunque no parezca. Para los primeros, la paz se justifica por el ahorro de vidas, dolor y recursos de la sociedad. “Por la paz, todo”. Para los segundos, no se puede pagar “cualquier precio” en principios, valores e ideas en nombre de la paz. “Sin la guerra, viviríamos bajo un régimen socialista”.

Los del Sí no aceptarían que les acusaran de creer que cualquier acuerdo de paz es bueno, con lo que resulta evidente que su criterio de valores tangibles no es absoluto. Los del No rechazarían que les atribuyeran oponerse a toda concesión en una negociación, lo que prueba la limitación de los valores intangibles como medida ética en un acuerdo de paz.

Los del Sí dicen que este es el mejor acuerdo posible y que es inmodificable. El costo de no entender esto se tasaría en vidas humanas, sufrimiento y pérdidas, y se traslada a la conciencia de los del No.

Pero, ¿cómo ocurriría esta tragedia ya que la guerra no es natural ni voluntad de Dios? ¿Quiénes cobrarían esas vidas y causarían sufrimiento y pérdidas si el pueblo no les refrenda sus ideas e intereses en el acuerdo final, es decir, quiénes serían los “guerreristas” que antepondrían sus intangibles valores e ideas a las vidas humanas? No los “guerreristas” del No en la sociedad civil, sino un bando de la mesa de “pacifistas” que negoció.

Tal vez así se entienda que en La Habana el gobierno actuó fundamentalmente bajo la premisa pacifista de “Por la paz, todo” para librar al país de la guerra; y las Farc,  bajo la consigna guerrerista de “a cambio de no hacer la guerra, todo (lo que se logre)”. Dos fundamentos éticos diametralmente opuestos. Los partidarios del Sí tienden a no ver los guerreristas de su propio campo.

El resultado es que el acuerdo final tiene un costo bastante alto en principios, valores e ideas democráticos y liberales (en sentido filosófico). Los del Sí afirman que ese es el precio justo por acabar la guerra con las Farc. Los del No tienen serias observaciones al respecto; no es que quieran botar a la basura el acuerdo final. Lamentablemente, la conversación política y social no se está llevando en buenos términos.

Claro, muchos habrían preferido una victoria militar rotunda, exactamente como las Farc habrían preferido tomarse el poder por las armas, pero se comprende que se trata de una negociación. La cuestión es la valoración del acuerdo final. Los inclinados al No se sienten como pagando un alto rescate por un secuestro (de libertades), y no especialmente por los $ 7.000 millones al año con privilegio para el  nuevo partido de las Farc, mientras el texto acordado en La Habana olvidó tocar el dinero y los bienes de la guerrilla.

Los del Sí, o al menos los líderes, repiten que “Por la paz, todo”. Si les van a decir lo mismo al Eln y eventualmente a cualquier grupo armado ilegal arropado con una ideología radical, va a quedar poco de lo que ha constituido nuestra historia, que, obvio, repugna a varios entusiastas  intelectuales del Sí. Pero, realmente, ¿quién se imagina que vamos a tener el mismo sainete con el Eln? Y esa guerra (marginal) sigue.
@DanielMeraV

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