Por: Jaime Arocha

Ecocidio rentable

En La Calera, el manejo del bosque andino ha sido sencillo: se tala para sembrar papa o cebolla, y cuando la tierra va siendo improductiva, se le mete ganado hasta que los cascos de las vacas petrifiquen el suelo.

Tan solo las lluvias extremas volverán a ablandarlo, pero erosionándolo. Ahí aparece el especulador de finca raíz. No reforesta, sino que espera a que los aguaceros profundicen el ecocidio. Uno de esos peladeros queda al lado izquierdo de la vía hacia Sopó, en la zona conocida como Altamar-La Portada. Ahora la Alcaldesa Ana Lucía Escobar propone incorporarlo al perímetro urbano, a partir de una modificación excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial. Un urbanizador privado construiría entre 2000 y 2400 viviendas a noventa millones cada una. Según Noticias Uno, “el proyecto parece ser autoría de la pareja” que la funcionaria forma con don Juan Sánchez, exalcalde del mismo municipio, sancionado por la Procuraduría General de la Nación. Mediante la maniobra que ojalá no apruebe el pleno del Consejo Municipal, el predio pasaría de 2.000 millones de pesos a 16.000 millones. Impresionante valorización para un barranco esterilizado.

El Comité Territorial de Planeación del municipio (CTP) ha publicado sus objeciones al proyecto. Los concejales de la Alianza Verde coinciden en que no se fundamenta en estudios técnicos que eviten el riesgo que enfrentarían los 12.768 residentes del casco urbano por la falta de garantías en las prestación de los ya cuestionables servicios públicos. La urbanización objetada le añadiría al pueblo 7.900  nuevos inmigrantes, sin contar con los que aportarían otros seis planes en ciernes. De estas cifras, ¡la Alcaldesa no pudo dar cuenta en la mencionada entrevista de Noticias Uno!

El futuro manejo de aguas residuales también es ambiguo. El mismo noticiero muestra a un miembro del CTP, Roberto Martínez, explicando que la urbanización propuesta quedaría frente a la respectiva planta de tratamiento, la cual ya opera a su máxima capacidad, lo cual explica que los vecinos del sector vivan rodeados de olores a cloaca. Del documento citado se deduce que el nuevo urbanizador podría tratar de obviar la responsabilidad que por ley le correspondería para ampliar esa planta, de modo que llegue a procesar las aguas fétidas que produzcan los apartamentos que se construirían.

El mismo documento señala que la disponibilidad de agua potable sería crítica. Los acueductos locales y veredales no son inmunes a la deforestación. De ahí que esa administración hubiera lanzado su plan de desarrollo con la consigna de convertir a La Calera en potencia hídrica. Sin embargo, hoy propone la política contraria aprobando un programa de vivienda social en cuyo interior quedaría la ronda del río Teusacá y de esa manera tendría efectos negativos sobre la estructura ecológica principal de la región. Por si fuera poco, la urbanización no pagaría plusvalía por ser de interés social. Sin embargo, como a Noticias Uno la alcaldesa le argumentó lo contrario, su esposo y los secretarios que la acompañaban tuvieron que corregirla haciendo la correspondiente rectificación. Parecería pues que esa inadmisible incompetencia hace parte del panorama más amplio de corrupción al cual se han referido José Roberto Acosta y Francisco Barbosa. Ojalá los concejales sí respeten la ética de su investidura y rechacen la modificación excepcional del POT.

Escribí lamentando el fallecimiento de Laurence Prescott, uno de los grandes investigadores y propagadores norteamericanos de las obras de Candelario Obeso y Manuel Zapata Olivella, entre otras de las grandes figuras de la literatura afrocolombiana.

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