Por: José Manuel Restrepo

Economía pos-2016

El año 2016 deja en materia económica inquietudes de fondo sobre lo que se deriva para el mundo de las recientes elecciones de EE. UU. y aquellas que dieron lugar al Brexit. La palabra que se deriva de allí no es otra distinta a incertidumbre. El 23 de junio, los británicos tomaron la decisión de abandonar la Unión Europea, y ello generó gran incertidumbre sobre el futuro crecimiento del Reino Unido (que algunos ahora estiman en el 1 % en 2017), un potencial aumento en el desempleo, una reducción en la inversión (que se estima decrezca un 2,2 %) y un eventual deterioro en el consumo. Todo lo anterior tendría también impacto en el resto de los países europeos.

Algo similar podría predicarse de la elección del presidente Trump. Los primeros datos hablaron de una fuerte caída en los mercados de capitales, pero con posterioridad a ello aparece la misma incertidumbre con resultados históricos al alza en el Dow Jones de industriales y en empresas financieras (seguramente anticipando eventuales reducciones en la tasa impositiva corporativa), y datos mucho más pesimistas en empresas energéticas y tecnológicas.

Ambos tsunamis políticos están exacerbando la difícil realidad económica de los países emergentes y suman nuevas incertidumbres. La primera reacción fue la depreciación de la tasa de cambio, que en unos días en Colombia aumentó en casi $200. La única razón para lo anterior son los mensajes de mayor proteccionismo que propuso Trump como candidato presidencial, y que anticiparían eventuales reducciones en las exportaciones de países emergentes. Algo similar podría decirse de los anuncios del candidato de elevar el gasto público, el aumento en inversiones de infraestructura y las nuevas reformas migratorias que podrían elevar los salarios en EE. UU., todo lo anterior fuentes de aumento en la inflación que tendrán que ser corregidas a través de una inevitable elevación de tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Esta situación plantea un fortalecimiento del dólar en EE. UU. y aumentos de la tasa de cambio en países emergentes como Colombia.

Sin embargo, es igualmente necesario reconocer que ambos procesos electorales plantean un problema económico adicional, que eventualmente puede tener impacto en el resto del mundo. Ambos hechos políticos proponen no sólo una profunda desconexión entre la política tradicional, los medios de comunicación y los ciudadanos, sino son expresión de una gran cantidad de ciudadanos que se sienten excluidos de los beneficios que otros han tenido por haber contado con más oportunidades. Ambos resultados son un llamado de atención a un modelo capitalista que ha ampliado la inequidad y que no se refleja en acceso a salud, educación y empleo de calidad, aparte de posibilidades de desarrollo empresarial, para muchos ciudadanos. Algo similar podría predicarse de la razón que llevó a muchos votantes en América Latina a elegir los modelos Trump de populismo de izquierda, como los Chávez, Maduros, Evos, Kirchner, Ortegas y similares. En todos estos casos hay una reacción de la sociedad a la ausencia de políticas económicas efectivas para generar empleo estable, para reducir la corrupción, para aumentar los ingresos de las familias, para reducir la pobreza o para proveer los bienes y servicios públicos adecuados, y, por qué no, la reacción a que muchos de estos países crecían desigualmente en beneficio de unos pocos.

A diferencia de los Trumps tropicales, que, como en el caso de Venezuela, han logrado destruir las naciones, la única protección a ello es el fortalecimiento de las instituciones. Algo de esto vemos en las recientes reacciones del nuevo presidente de EE. UU., quien aparentemente entiende que las mayorías sensatas de los republicanos en el Congreso de EE. UU. evitarán que su gobierno termine descontrolado y abusando del poder. O de forma similar en la reacción del Parlamento británico para impedir que la nación camine hacia el abismo.

Si en nuestro país queremos evitar las terribles consecuencias de Brexits o similares, tenemos sólo tres salidas. Una es trabajar conscientemente en políticas que aumenten las oportunidades para todos, generando mejoramientos significativos en materia de equidad y reducción de la pobreza extrema; dos, atacando la corrupción, y simultáneamente trabajando en el mejoramiento de las instituciones que preserven las democracias del desastre del populismo de izquierdas o derechas.

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