Por: Antieditorial

Educación y deporte

El editorial "El deporte como rédito político” (09/08/2016) cuestiona el oportunismo de nuestros políticos, quienes olímpicamente se atribuyen logros ajenos; parece prudente hacer balances y proyecciones sobre las prioridades del Estado en torno a la formación de talentos, mediante el desarrollo integral de la educación y el deporte.

Por Germán Eduardo Vargas

Convergen varias causas para estos problemas: confusión de prioridades, escasez de recursos, pobre articulación institucional y efectividad en la inversión pública.

Para empezar, el proyecto para reformar la Ley del Deporte, radicado durante 2015, fracasó; según el comunicado del Comité Olímpico Colombiano (18/07/2016), el Gobierno y el Congreso no cumplieron, permaneciendo abandonadas las garantías mínimas e insuficientes los recursos para el desarrollo y estímulo de los deportistas.

Quizá piensan que todo se resuelve con una condecoración, a posteriori.

Conviene, entonces, desagregar el proyecto de ley “Presupuesto 2017, para la Nueva Economía”: Primero, es objetable la minoritaria participación del deporte (0,2 %); de hecho absorbe un recorte del 17 % y la inversión se contrae 12 %. Segundo, es justo destacar la mayoritaria destinación educativa (19 %), aunque solo el 7 % se enfoca en inversión.

Al respecto, la labor de los colegios es esencial como semillero de formación; la jornada única aún es incógnita y podría aprovecharse para desarrollar o fortalecer talentos complementarios a las áreas cognitivas, con jornadas electivas para quienes deseen desarrollarse en disciplinas deportivas como proyecto de vida.

Sería necesario diversificar la infraestructura deportiva, asignar equipos técnicos especializados y profesionalizar el deporte: todo lo anterior requiere articulación desde Coldeportes, el Ministerio de Educación y las universidades, y el resultado debe ser el rediseño del modelo Supérate, cuyos recursos y resultados son insuficientes.

Por otra parte, es importante destacar el desempeño de aquellos deportistas olímpicos que vivieron el desplazamiento forzado por la violencia; su resiliencia es ejemplo para una sociedad que tiene la facultad de reivindicarse mediante el plebiscito, liberando los recursos destinados a la guerra para orientarlos hacia donde pertenecen: la educación y el deporte.

Mente sana en cuerpo sano, sería contradictoria la austeridad inteligente si sustrae la evaluación de Competencias Ciudadanas en las Pruebas Saber. Demostraría ignorar su pertinencia, mientras nos disponemos a elegir la materialización de un escenario de paz, porque “las balas escribieron nuestro pasado, la educación nuestro futuro”.

De hecho, es necesario profundizar en conciencia, comprensión y vivencia de valores, inteligencia emocional y capital social, donde el deporte tiene todo para aportar; áreas tan necesarias para aprender a resolver conflictos, aquellos que dejan en evidencia la pobre evolución nacional en el manejo de situaciones como el matoneo en el Diseño de Manuales de Convivencia en los colegios (articulando el Editorial 10/08/2016).

Presidente: que la emergencia del presupuesto para la nueva economía, vinculada con el déficit y la “cuarta revolución industrial”, no abandone en el olvido la importancia de aquel moderno renacimiento propuesto por el plan de Desarrollo “todos por un nuevo país”.

El deporte y la educación no deben conocer austeridad: esa paradoja de frugalidad penalizaría dividendos que jamás estarán sobredimensionados. 

*Docente U. Javeriana, [email protected]

 

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