Por: Catalina Uribe

Educados, racistas y sexistas

Durante un seminario en una universidad en EE.UU., un estudiante de doctorado se acercó a manifestarme su inconformidad con la situación en la que estaban personas como él. Por culpa de las políticas inclusivas, me dijo, les era cada vez más difícil a los “hombres blancos” tener oportunidades. Cuando le pregunté si era consciente de que le estaba hablando a una mujer latina, me respondió: “sí, pero tú eres distinta”.

Este tipo de raciocinios absurdos se han convertido en la regla. La semana pasada, la revista Mother Jones hizo un reportaje sobre Richard Spencer, un nacionalista estadounidense, defensor de la supremacía blanca y fundador del movimiento Alt-Right. Cuando se le preguntó sobre quiénes eran esos blancos superiores que debían tomar el control, se refirió a una raza mixta que definitivamente no incluía negros, asiáticos, musulmanes, judíos, ni la mayoría de hispanos. El periodista le recordó a Spencer sobre una exnovia asiática, a lo que éste respondió: “Las mujeres asiáticas son lindas e inteligentes”. Vale la pena recalcar que Spencer cursó pregrado, maestría y doctorado en algunas de las mejores universidades del mundo.

Esta semana en Colombia, a raíz de una violentísima agresión contra una profesora universitaria, volvió a salir a la luz la existencia de los cada vez más frecuentes grupos discriminatorios de Facebook. Estos grupos, que cuentan entre sus participantes con estudiantes de prestigiosas universidades colombianas, se dedican a promover el racismo, el sexismo y la exclusión. En una manifestación, algunos de sus miembros afirmaron que lo que ellos hacen es simplemente humor. ¿Qué está pasando en las instituciones de educación superior acá y en el mundo?

Quizás uno de los problemas es que cierto tipo de formación, como aquella que hace a las personas sensibles con la violencia hacia minorías, se limita a ciertos cursos y espacios. Aunque los espacios existen, quienes asisten a ellos ya tienen de antemano una sensibilidad y un interés en preocuparse por cuidar del otro. El reto está en que todas las clases, por más especializadas, aborden de una u otra manera estos temas. Los futuros profesionales deben tener suficiente criterio y capacidad para el humor inteligente y para entender que la violencia física y la simbólica son igual de graves.

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