Por: Columnista invitado

El Bronx: exclusión y desigualdad instrumentalizada por el crimen organizado

La zona del Bronx en Bogotá no es sólo un lugar geográfico que se asocia a la inseguridad y el crimen.

Por Julia Isabel Eslava*

Es ante todo un territorio que simboliza la exclusión y la desigualdad instrumentalizada por el crimen organizado que hábilmente convirtieron la denominada ele (L) del Bronx (al igual que otros puntos en la ciudad conocidos como “ollas”) en “territorios de inclusión” para todas aquellas vulnerabilidades, susceptibles de ser controladas a través de mecanismos perversos como la inducción al consumo de drogas y/o la violencia, incorporándolos en un sistema que los esclaviza con fines económicos y lucrativos para estas mafias.

Según las cifras oficiales de la Secretaría de Integración Social, entre el 2011 y 2015 la población habitante de calle incrementó en el 62%. La gran mayoría son hombres (90%) y cerca del 40% proviene de otras ciudades. Son dos las razones principales que los llevaron a esta condición: vivir en medio de familias expulsoras (44.3%) y consumir sustancias psicoactivas a temprana edad (33,75%). Y se mantienen en tal situación debido a que son adictos, se sienten a gusto en la calle, no tienen otras opciones o no tienen como sobrevivir en otras circunstancias.

Estos hallazgos sugieren medidas importantes: por un lado, 1) que la condición de habitante de calle puede ser prevenida mediante adecuadas políticas sociales y de protección a grupos especialmente vulnerables: niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos mayores, inmigrantes; 2) la intervención sobre la violencia, maltrato intrafamiliar y la promoción y fortalecimiento de vínculos y 3) la prevención del consumo de sustancias psicoactivas.

Por el otro, para quienes ya están insertos en el sistema de explotación criminal, se imponen varios retos, en especial para el tratamiento de la población consumidora de SPA, pues según la experiencia de tratamiento y atención a dicha población, la mayoría de ellas no logra recuperarse (dejar de ser consumidor), en especial cuando llevan muchos años de consumo.

Aquí, las mayores oportunidades estarían dadas para quienes llevan menos tiempo sumidos en la adicción. En cualquier caso, la inclusión en programas o comunidades terapéuticas requiere de estrategias innovadoras. Las más efectivas han involucrado a exdrogadictos quienes tienen el mismo lenguaje y cercanía con la dinámica del proceso y la vivencia de los sujetos en recuperación, acompañados de equipos interdisciplinarios (psicólogos, educadores, trabajadores sociales…) y las redes de apoyo familiar y social. Suponen procesos de intervención integrales orientados no solo al abandono de la drogadicción sino también a la generación de oportunidades económicas, educativas, etc., para que puedan asumir su propio proceso de vida.

Desde mediados de la década de los 90 las políticas dirigidas a eliminar las llamadas “ollas” han oscilado entre las medidas de control y de seguridad y la respuesta asistencial, pero es sólo hasta el año 2012 donde se aborda desde la perspectiva de la salud pública y de manera particular sólo hasta diciembre de 2015 se expide el Decreto que establece la política de atención a la población habitante de calle.

La tensión más importante que surge hoy en día, es si las intervenciones en zonas como la del Bronx deben privilegiar un ejercicio de uso de la fuerza, movilización del sistema de justicia, la persecución de las bandas criminales organizadas, teniendo en cuenta que este factor ha incidido negativamente en la posibilidad de éxito de programas de otra naturaleza; frente a las intervenciones que se centran especialmente en el individuo, sus necesidades, y medidas alternativas de tratamiento a través del suministro de otro tipo de sustancias que aunque adictivas, generan menos efectos negativos para la salud, que supondrían nuevas regulaciones sobre el consumo de droga y su criminalización.

Debería ser posible pensar en armonizar intervenciones concomitantes que por un lado busquen enfrentar el impacto que genera el crimen organizado y por el otro el abordar a las personas y sus necesidades. Concomitancia que debe estar acompañada de forma efectiva por procesos de construcción de ciudadanía activa y de toma de conciencia sobre la vulnerabilidad que enfrentan estas poblaciones, pero en especial sobre la necesidad de asumir la responsabilidad para superar el individualismo, la insolidaridad y la tolerancia a la ilegalidad, pues el Bronx y las ollas se han fortalecido frente a nuestros ojos. Por eso como sugiere Saramago en su obra Ensayo sobre la Ceguera, para salir del caos y el estado de cosas indeseables que se han generado es necesario recuperar la lucidez y rescatar el afecto y la solidaridad.

 

*Profesora titular del Instituto de Salud Pública.

 

Esta columna fue publicada originalmente en la edición 1318 de la revista 'Hoy en la Javeriana', edición de junio de 2016.
 

 

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