Por: Columnista invitado

El Club el Nogal es del tercer mundo

Los clubes sociales se inventaron para que los socios y sus hijos se reprodujeran con sus pares de apellidos y propiedades.

Por Alejandra Omaña

Sin embargo, hay unas pocas personas inteligentes en ellos, como Daniel Emilio Mendoza Leal, que sin cansancio ha defendido la ética de su periodismo y la honestidad de su literatura, por encima de los principios de comunidades esnobs.  

Daniel, también abogado, uno de los mejores penalistas del país, percibió, investigó y denunció la corrupción de varios miembros y exmiembros de la junta directiva del Club el Nogal, de donde es socio. Además de corruptos, fachos. Normal para la libertad de expresión que Daniel comprende. Así no más, son denuncias del primer mundo que a los vulgos fuera del Club no nos afectan. Pero algunos, además de corruptos y fachos, son  ideólogos de los grupos nazis más peligrosos de Colombia.

Pablo Victoria –excongresista-, es conferencista del grupo neonazi Tercera Fuerza. Ha sido investigado por parapolítica y cercanía al paramilitar Martin Llanos; fue  mencionado en el homicidio de Álvaro Gómez Hurtado; y fue muy cercano a Juan de Jesús Pimiento, el paramilitar que en una noche desmembró a 40 reclusos en la Cárcel Modelo. Tan cercanos, que Victoria le vendió a Pimiento una de sus propiedades ubicada en Altos de Yerbabuena. Victoria también es miembro de la junta directiva del Club el Nogal, un hombre de principios conservadores, incómodo por las atrevidas denuncias de Daniel y la crudeza del Realismo sucio de su novela El Diablo es Dios, publicada por Editorial Planeta. Escandalizado por la cuenta de Twitter (@eldiabloesdios), donde Daniel crea literatura transmedia con un personaje llamado ‘Pablito’, un monaguillo homosexual que tiene sexo con el exprocurador.

Por eso, Pablo Victoria y los miembros de la junta directiva del Club el Nogal, iniciaron una campaña de hostigamiento y censura en contra de Daniel Mendoza, por medio de audiencias disciplinarias en el Club, donde le pedían que modificara su estilo literario y abandonara sus denuncias para que le permitieran seguir siendo socio. Le pidieron callar porque su estilo literario no era propio de su círculo social; y sus denuncias: problemas internos que no se ventilaban con el común.

A Victoria nunca le pidieron que dejara de hablarles de Hitler a sus blancos alumnos cabezas rapadas que golpean negros y gais por las calles. No le pidieron explicaciones por su acérrima defensa a las Convivir y sus negocios con el asesino Juan de Jesús Pimiento. No le pidieron moderar su lenguaje en las numerosas ocasiones que atacó al periodista Daniel Coronell.

Así comprendí que los actos de los socios del Club el Nogal dejaban de ser un problema del primer mundo. Es hostigamiento ideológico, un delito, el 134 B del Código Penal. Es inconstitucional: derecho a la libertad de expresión, artículo 20 de la Constitución Nacional; va en contra de la declaración de derechos humanos, articulo 19. Los socios olvidaron que la Constitución y el Código Penal aplican para el Club, que su comunidad no es una fortaleza autónoma e impenetrable.

Es la censura del Club el Nogal hacia un periodista y escritor. Es violación de la libertad de expresión. Es pedir a Daniel, un hijo de Bukowski, de Sade, de Miller, que renuncie a su razón de ser. Y es un grupo que persiste en sus ideas inquisidoras, queriendo callar a cualquiera que no se ajuste a su idea de ser humano correcto.

@AmarantaHank

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