Por: Antonio Casale

El desgaste de Pékerman

Cuentan que las relaciones entre Pékerman y la Federación Colombiana de Fútbol no pasan por su mejor momento. Hoy en día se hablan más los abogados de las partes que el presidente y el entrenador. Mejor dicho, esa relación está “pegada con babas”.

Todos sabemos que el contrato de Pékerman es difícil de deshacer sin que ello suponga un desembolso grande dinero. A no ser que el argentino tome la decisión de dar un paso al costado y negocie su salida. Pero en Colfútbol saben que, a seis partidos del final de la eliminatoria, ningún técnico serio se haría cargo de la selección. Eso es algo de lo que Pékerman es consciente. Las dos partes saben que a este matrimonio le quedan, en el mejor de los casos, poco menos de dos años, lo que falta para que se acabe el Mundial.

Lo anterior no es ni malo ni bueno. Simplemente es normal en el sube y baja de un deporte que mueve tantas pasiones, sobre todo cuando se trata del equipo de todos. Lo cierto es que del esfuerzo y la sabiduría que puedan tener las dos partes, Ramón Jesurún por parte de la dirigencia y José Pékerman por parte del cuerpo técnico, dependerá en buena medida lo que se pueda lograr en la cancha para clasificar.

No debe ser fácil para el presidente de la federación tener que tragarse sapos como la presencia del empresario Pascual Lezcano y su omnipotencia en la selección, algo contra lo que nada puede hacer la dirigencia, porque así estaba acordado desde que comenzó la gestión de los argentinos en la selección.

Tampoco debe ser fácil para Pékerman tener que hacer cosas que antes no hacía, como presentar informes, rendir cuentas a sus nuevos jefes y demás menesteres que, gústele o no, son normales en la relación entre empleado y jefes en cualquier parte del mundo.

Lo cierto es que tienen que hacerse pasito entre las partes. La dirigencia tiene el deber de proporcionarle la tranquilidad necesaria a Pékerman para que pueda volver a encontrar el norte, que por cierto lo tiene bien perdido. Hay errores en las convocatorias, en el planteamiento de los partidos, en los escogidos para ser titulares, en la lectura de los juegos. Todo lo que antes era una virtud, hoy es un mar de confusión. Es responsabilidad del líder que sus dirigidos marchen bien, y hoy la confusión de Pékerman es la expresión de sus futbolistas.

Quedan seis jornadas para definir la clasificación y es menester que las partes zanjen sus diferencias, así sea por conveniencia, para que el sueño de ir a Rusia no se convierta en pesadilla.

 

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