Por: Jorge Eduardo Espinosa

El deterioro de la Universidad Nacional

En el año 2012 la Dirección de Infraestructura de la Universidad Nacional, sede Bogotá, publicó un informe sobre el estado de la ciudad universitaria.

En resumen, 21 edificios presentaban riesgo alto de vulnerabilidad, 4 estaban en amenaza de ruina y 7 ya habían sido reforzados. También, y esto es importante, de 152 edificaciones, 131 de ellas fueron construidas antes de las nuevas normas de sismo resistencia de 1998. Es decir, estos edificios no cumplen con los requisitos que exige la norma y tendrán que ser reforzados obligatoriamente. Parte del problema, como siempre, es de plata, porque la ley exige el reforzamiento, pero la universidad no tiene los recursos que se necesitan para ello. Y entramos acá a la pregunta de siempre: ¿los últimos gobiernos han prestado la atención necesaria a la Universidad Nacional? Antes de aproximar una respuesta, una necesaria actualización sobre el estado de la infraestructura mientras usted lee esta columna.

Citando, de nuevo, un informe de la Universidad publicado en 2015, en los últimos 3 años se han reforzado 5 edificios y se han terminado de construir 4, entre ellos el de Ingeniería, levantado con recursos de la Facultad y de sus comprometidos egresados. Uno de los símbolos de la crisis de la infraestructura es, desde hace años, el edificio de Enfermería, que todavía está en riesgo alto de vulnerabilidad. Hay que aclarar que a Enfermería se le construyó un nuevo edificio, pero el viejo sigue en el mismo estado de riesgo en el que estaba en el informe del 2012. Hace un par de semanas, estudiantes de la Facultad de Artes advirtieron que, como había ocurrido el año pasado con el edificio de arquitectura, el de artes también sería desalojado. Visité el campus, vi el edificio, y el deterioro es evidente. Construido en 1935, presenta unas fallas estructurales serias, y sí hay un par de salones desocupados. ¿Tendrán que demoler el edificio? Consulto con el profesor Jaime Franky, Vicerrector de la sede Bogotá, quien me aclara que el “edificio no se evacuará”, y que ya se hacen los estudios para intervenir la estructura.

Frente al herido edificio de Artes, está el lote vacío en el que alguna vez vivió el edificio de Arquitectura, demolido hace un año. Todavía no se ha empezado a construir el nuevo. Pregunto al profesor Franky por qué la tardanza, me explica que está programado para el primer semestre del próximo año, y me recuerda que los estudios y trámites no se pueden hacer de un día para el otro. Algún estudiante, con humor, comenta que hay estudiantes de arquitectura que entraron a la universidad sin tener edificio, y se graduarán sin tenerlo. La universidad ha hecho esfuerzos, pero la verdad es que el déficit en infraestructura es tan grande, que curar la ciudadela parece una misión imposible. Los arreglos que se hacen, porque sí se hacen, son paños de agua tibia frente a la magnitud del problema. Según el rector Mantilla, y esta cifra no está actualizada, el déficit en infraestructura puede alcanzar los 2 billones de pesos.

Volvamos al principio: ¿abandonó el Estado a la Universidad Nacional? No sería equilibrado decir, sin matices, que sí. El presupuesto anual de la universidad es de 1.6 billones de pesos (compare esa cifra, con el déficit de infraestructura para que entienda la magnitud del problema), sin embargo, el Estado aporta más o menos la mitad, unos 859 mil millones. Esta es otra forma de decir que la Nacional debe poner 1 de cada 2 pesos de su presupuesto anual.  Y esa plata no alcanza para todo. Nadie niega la calidad científica de la Nacional, la preparación de sus egresados, los laboratorios que tiene, en fin, su calidad académica. Pero es evidente, solo es caminar por su sede, que su deterioro físico es triste y es vergonzoso. El profesor Franky, cuando conversamos, me dijo que la Universidad había elegido otras prioridades para gastarse los recursos que tiene. Se refería, claro, a la investigación, preparación de profesores, dotación de laboratorios. Y ese, creo, es el fondo del problema. La Universidad Nacional, que debería ser orgullo de los colombianos, no tendría por qué verse en la penosa obligación de elegir entre calidad académica y salud física. De otra manera, habría que preguntarse: el día que elijan dedicar sus recursos a solucionar la infraestructura, ¿entrará en crisis su calidad académica? Piénsenlo.

@espinosaradio

 

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