Por: Enrique Aparicio

El día de Navidad: pelea entre una cabra y Daniel

El día amaneció con un frío que calaba hasta los huesos pero paradójicamente el sol brillaba delicioso, como disculpando al clima por la baja temperatura y el viento.

Nos habían citado en un bosque cercano a Ámsterdam donde llegamos con mi novia, de mano cogida, cuerpos muy cercanos, brazo por encima del hombro para trasmitirnos el calor para sobrevivir.  Bueno, sin exagerar, estábamos en el día clave de Navidad y por eso tiene que haber frío en el norte de Europa.  Nos adentramos en la espesura organizada, ya que cada árbol, rama u hojita han pasado por la mano de los encargados del bosque que no  dejan nada sin arreglar, limpiar, poner en su sitio y demás.

Al poco, llegamos a un sitio lleno de figuras blancas que se movían despreocupadas entre la multitud de mirones.  Era una gran casona, habitada por seres sin otro interés que comer y dormir.  Inteligentes, con cierto grado de agresividad.

Daniel -dicho sea de paso es mi nieto de un año y medio- vio como el papá compraba un pequeño tetero con leche de cabra destinado a los habitantes del sitio.  El padre comenzó a darle tetero a una de las cabras que asomaba la cabeza por unos barrotes.   Todo iba viento en popa hasta que a mi nieto le dio hambre al ver al animal comer con tanto gusto (ver You Tube). Aunque ya no toma tetero mientras el papá le daba leche a la cabra para mostrarle al hijo el espectáculo, Daniel  intervino para quitarle a la cabra el pequeño biberón.  Nuestro hijo, que es un santo, buscaba separar a la cabra y a Daniel quien estaba dispuesto a mostrarle a la cabra quien era el que mandaba.  En el colmo de  la desesperación el progenitor comenzó a utilizar lenguaje antipedagógico.

“Ya veras como el año que viene el niño Dios te va a traer un carbón. Sí señor, un carbón en lugar de los carritos que te trajo hoy”.  Como el nieto no sabe qué es un carbón, le importó un comino y siguió en su propósito de buscarle pelea al cuadrúpedo.   Agotado, nuestro santo buscó refuerzos en la caballería.

Llamó a su señora  que estaba no muy lejos y le comentó sobre el campo de batalla.  La mamá de Daniel es una holandesa muy bonita y de armas tomar, quien puso orden a los combatientes.  “No más Daniel.  Deja de molestar a las cabras” y hasta ahí llegó la bronca.  Fue alzado  por la mamá que lo llevó al restaurante, un rincón pequeño muy acogedor y pidió una tarta de manzana, algo de lo que en Holanda nadie puede prescindir con un chocolate caliente. Y así pasó el momento.  Ya era hora de irse para casita a celebrar con el resto de la familia.

Esta es una “granja de cabras” diseñada para que los niños de la ciudad tomen contacto con los animales y aprendan sobre ellos.  Para los pequeños y sus papás es un buen paseo.  Para las cabras, la oportunidad de posar para cientos de fotos… y darse un atracón de leche.


En nuestros calendarios, Navidad y Año Nuevo marcan un momento ideal para la reflexión, para hacer un alto en el camino, evaluar lo alcanzado hasta la fecha y hacer planes para el futuro.  Pretenden ser un espacio de paz, de hermanamiento, de tranquilidad.

You Tube. Muestra unas tomas de video sobre las cabras.  Le deseo un día de Navidad muy feliz.

 

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