Por: Columna del lector

El duro proceso de ajuste comercial en Colombia

El ajuste del sector externo colombiano, vía balanza comercial, va a ser traumático. La razón: incapacidad de las exportaciones de crecer y de diversificarse, por un lado, y un más dinámico acople de las importaciones a la nueva situación, por el otro.

Por Observatorio de Comercio Internacional UTadeo

A pesar del proceso de devaluación en el último año, estabilizado al parecer desde mayo; de incrementos en los precios internacionales de algunos commodities; y de la desaceleración de la economía colombiana, las exportaciones colombianas siguen cayendo (tradicionales y no tradicionales). Si se mira el mes de octubre de 2016, los diez primeros meses del año y el año completo (octubre 2015-2016) las tasas de crecimiento de las mismas son negativas en estos periodos, así como en los grandes grupos exportados (agropecuarios, combustibles y manufacturas). Sigue habiendo dependencia por productos tradicionales (60 %) y, su paralelo, la diversificación exportadora, es lánguida.

La solicitada devaluación por parte del sector empresarial, ahora que se da, no tiene impacto en la canasta de bienes exportables. Se dirá que nuestros competidores también devaluaron. Lo cierto es que nuestra oferta exportable, al estar conformada en su mayoría por productos cuyos precios se determinan en el mercado internacional, no responde contundentemente a las modificaciones de la tasa de cambio.

Para algunas de las manufacturas exportadas por el país el incentivo de una mayor tasa de cambio respecto al dólar demandará tiempo, en tanto recompone la curva de aprendizaje productiva y comercial para incursionar exitosamente en el mercado externo. Estas potenciales ventas, con algo de valor agregado, estuvieron golpeadas por varios años (enfermedad holandesa, revaluación y contrabando, entre otras) y su recuperación e incursión externa requerirá acciones más decididas por parte de empresarios y Gobierno.

Las mejoras en los precios internacionales de productos como el café y carbón, por citar algunos, parecen resultado de hechos coyunturales, circunstancia que hace que la respuesta exportadora sea débil e incluso, en algunos casos, negativa. El café, que en lo corrido del año ha experimentado un notorio incremento de sus precios internacionales, no ha traducido esta situación en mayores niveles de exportación; más aún, las mismas han disminuido.

En petróleo las cifras muestran que las exportaciones de este producto, en lo corrido del año, caen tanto en valor como en cantidades, resultado de los bajos precios internacionales que, a su vez, desincentivan el desarrollo nuevos proyectos en el país. Dada la dependencia que el país sigue registrando por este producto la situación es preocupante. Se esperaría que el reciente acuerdo de la OPEP y Rusia referido a la reducción de la producción exportable afecte al alza los precios.

En lo referente a los TLC es rescatable la reducción del déficit comercial con EE. UU. y las potencialidades del acuerdo con Corea del Sur. Sin embargo, tratados promisorios, como la Alianza Pacífico y la UE presentan resultados desfavorables. Los países vecinos continúan mostrando una gran dificultad como potenciales mercados de exportación, en particular Ecuador y Venezuela.

La respuesta a la baja de las importaciones frente a la nueva situación ha sido un poco más dinámica. Las razones tienen que ver con el encarecimiento de estas por la devaluación; reducción en los valores importados resultado del enfriamiento de la economía Colombia; y algunas leves manifestaciones de sustitución de importaciones. De cualquier manera, el ajuste del sector externo en el presente es complejo y se explica más por la caída en las importaciones que por aumento de las exportaciones.

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